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viernes, 11 de octubre de 2024

¿Por qué es tan difícil un liderazgo flexible?


El modelo Cynefin


Ante un estado de confusión ⬛️, uno de los retos del liderazgo es saber cuando intervenir y cuándo dejar de hacerlo para que el equipo busque soluciones por su cuenta.

El modelo CYNEFIN, creado por Dave Snowden, identifica cuatro contextos que demandan estilos de liderazgo y metodologías bien distintas:

🟦 Liderazgo directivo cuando las relaciones causa-efecto son CLARAS.

🟩 Liderazgo experto cuando esas relaciones se COMPLICAN y ya no son tan evidentes.

🟧 Liderazgo facilitador cuando el problema es COMPLEJO y solo se entiende buscando patrones en el pasado.

🟥 Liderazgo autoritario cuando la urgencia requiere una respuesta rápida y contundente para contener el CAOS

En lugar de aplicar un enfoque único para cualquier problema, este modelo propone un liderazgo flexible que permita adaptarse a las necesidades del contexto, seleccionando el estilo y la metodología más adecuada.

¿Y por qué es tan difícil hacerlo ?


1. Porque no sabemos dónde estamos y no queremos saberlo. La ignorancia puede actuar como un refugio emocional para evitarnos el dolor, el estrés o la incomodidad de decidir. Al menos por ahora.

2. Presión por resultados inmediatos. Cuando tomamos decisiones de manera impulsiva o sin tiempo para evaluar las consecuencias, aumentamos la probabilidad de cometer errores en el estilo de mando. A menos que estemos apagando un fuego.

3. Falta de conciencia y adaptabilidad. Si no somos conscientes de un problema, no sentimos la necesidad de clasificarlo en un contexto y actuar. El "darse cuenta" es disruptivo por naturaleza, porque supone un cambio en la forma de entender y hacer las cosas. 

4. Confundir lo complicado con lo complejo. Lo primero requiere la participación de expertos, lo segundo no tiene una solución fija y requiere iterar y adaptarse.

5. Cultura organizacional rígida. En empresas jerárquicas donde se premian los resultados rápidos, un estilo colaborativo o experimental puede ser visto como una perdida de tiempo, aunque sea el más adecuado para problemas complejos.

6. Incapacidad para gestionar el caos, simplificando excesivamente las cosas. Pasar del caos al orden proporciona una sensación inmediata de control y estabilidad, pero también supone muchos desafíos y problemas ⚠️ cuando no sabemos soltar en su momento y dejar hacer al equipo. En este sentido, las organizaciones deben evitar tras el caos, que el liderazgo autoritario tan útil en ese contexto, se perpetúe y mate para siempre la innovación.

¿Se te ocurre alguno más?

martes, 1 de febrero de 2022

Seguridad Psicológica: ¿un factor necesario en los equipos?

Seguridad Psicológica
Como cultivar la Seguridad Psicológica en la jerarquía de necesidades de Maslow


Amy Edmondson practica la meditación desde hace tiempo.

Dice que ese hábito saludable le ayuda inmensamente en su ejercicio de liderazgo a estar presente mientras trabaja y con los pies en la tierra; y con esa actitud, se dedica a investigar en Harvard la influencia de la seguridad psicológica en el aprendizaje de los equipos y las organizaciones. 

La seguridad psicológica es la idea que mantiene una persona sobre lo amenazante o gratificante que es asumir riesgos interpersonales en el trabajo, como admitir un error, hacer preguntas o plantear ideas atrevidas, y se relaciona positivamente con la innovación y el aprendizaje. 

Es un factor cultural clave en las organizaciones ágiles, al permitir que aparezcan conversaciones francas y rigurosas sobre prioridades estratégicas aún por definir. 

Así lo confirmó Google, cuando en su investigación sobre las características de los equipos efectivos,
conocida como Proyecto Aristóteles, descubrió que la seguridad psicológica no era tan solo un factor más, sino el más importante. Por encima incluso, de los perfiles de las personas que forman los equipos. 

Según A. Edmondson, cuando no hay seguridad psicológica, nadie quiere parecer:

Sin ella es difícil sacar provecho del debate y la confrontación, porque son pocos los que se atreven a hablar y muchos los que callan por vergüenza o miedo. Y aprender en equipo trata precisamente de lo contrario: de arriesgarse a compartir dudas, de estar dispuesto a decir la verdad y reconocer que esa verdad podría no coincidir con la verdad que defienden los demás.  

Es un clima caracterizado por la franqueza, lo cual no significa que sea un ambiente confortable. Pero claro, la motivación principal de un equipo no es trabajar para ser felices, sino estar juntos para resolver problemas que importan y para hacerlo, afrontar conversaciones difíciles es inevitable. 

Además ¿de qué sirve atraer y retener talento si nadie puede decir lo que piensa?

La seguridad psicológica es la creencia compartida de que no seremos castigados, humillados o rechazados al exponer nuestras opiniones al grupo, por equivocadas o ridículas que sean. Nuestra autoestima estará a salvo, de ahí que las habilidades comunicativas y nuestros diálogos internos jueguen un papel determinante en su construcción, pues según digamos las cosas y como aceptemos las críticas, nos lo tomaremos mejor o peor. 

No todas las ideas serán buenas, algunas pueden parecer estúpidas o que les falta un "hervor", pero hablar sobre estas cosas es parte esencial del proceso creativo que nos ayuda a encontrar sentido en lo que hacemos. 

¿Es necesario cultivar la seguridad psicológica?

No. La seguridad psicológica NO es un factor necesario para que el trabajo salga adelante. 

No es algo imprescindible para que un entorno laboral se califique como adecuado. 

Tener un empleo que cubra las necesidades fisiológicas y de (cierta) seguridad puede ser suficiente para que las cosas funcionen. De hecho, es lo que utilizan como reclamo muchas organizaciones en sus procesos de reclutamiento y selección, o lo que terminan haciendo algunas otras por descuidos en sus procesos de alineamiento.

Estos dos factores no crean una ventaja competitiva para la organización. Simplemente satisfacen necesidades básicas que liberan a las personas de preocupaciones terrenales para que se centren en hacer un buen trabajo. Tal y como les dicen que lo hagan.

Por el contrario, cultivar la seguridad psicológica  que es un ventaja competitiva porque posibilita una organización más comprometida, más ágil y capaz de transformación. 

Como responsable de equipo: tú eliges. 

martes, 2 de febrero de 2021

Cómo influyen las microestructuras en la cultura de aprendizaje y colaboración

Un salón de actos
  • Un salón de actos sin luz natural.
  • Una sala estrecha con una única mesa.
  • Aulas con bancos atornillados al suelo.
  • Pupitres que recuerdan al instituto.
  • Mesas dispuestas en forma de U.
  • Sillas en círculo sin mesas.
  • Sentados a la sombra de un árbol 
Estas son algunas de las microestructuras tangibles que nos podemos encontrar cuando trabajamos con grupos. 

Las microestructuras son (según Keith y Henri) los espacios físicos donde nos relacionamos y aunque parezcan poca cosa, su impacto en el aprendizaje y la innovación es enorme. 

Están diseñadas para vender, formar, debatir, co-crear, controlar o una mezcla de todas ellas y nos pueden facilitar o entorpecer la forma de trabajar y colaborar con otros.

De hecho, su importancia es tal, que un pequeño cambio en alguno de sus elementos, puede marcar la diferencia entre sufrir una sesión poco participativa y aburrida o disfrutar de otra mucho más animada y productiva, porque bajo cualquier cosa que hagamos, siempre habrá una estructura, mejor o peor, que soporte o guíe lo que estemos haciendo. 

Una sala estrecha con una única mesa 
En las microestructuras están incrustados los permisos que la organización concede para movernos y conectar libremente entre nosotros. Esto incluye los límites para modificar la disposición de las mesas, mover las sillas o utilizar las paredes para pegar post-it o cubrirlas de cartulinas (aquí puedes leer el Manual para nuevos empleados de Valve que es todo un prodigio de libertad en el lugar de trabajo). 

Espacio físico, comunicación y poder


El espacio, sea físico o simbólico, es un estructura decisiva para la comunicación humana, porque el mundo material que nos rodea puede condicionar nuestro modo natural de relacionarnos, incluso cuando lo percibamos como incuestionable:

  • ¿Abrir o cerrar los espacios de trabajo?
  • ¿Ventanales con vistas al exterior o claraboyas para evitar distracciones?
  • ¿Qué tamaño ha de tener el despacho del jefe?
  • ¿Qué forma la mesa de reuniones del consejo de dirección?
  • ¿Acondicionamos una sala para formación o utilizamos la multiusos? 
  • ¿Con qué mobiliario?

Un círculo de sillas
Muchas veces las respuestas se dan por supuestas, bien porque se desconoce su impacto en la cultura organizativa o porque se basan únicamente en criterios estéticos, de presupuesto o de continuidad, porque siempre ha sido así

Sin embargo, su papel es muy importante en la creación del espíritu corporativo, al facilitar o entorpecer la aparición de actitudes y comportamientos en la toma de decisiones que formarán parte de la cultura de la empresa

El caso es que cuando las organizaciones remodelan sus espacios, lo hacen para mejorar el rendimiento y dar a las personas un significado especial, para mostrarles cómo quiere que se hagan las cosas de manera eficiente.

El espacio se convierte en estos casos no solo en un contenedor para el poder, sino en un medio mediante el cual el poder se comunica:

La manipulación del espacio se contempla como un elemento integral para capturar el corazón y la mente de las personas. Reordenar los espacios de trabajo, es un intento organizativo para influir en la cultura y apropiarse de la identidad de los empleados.

 'Materiality at work'  Lisa Conrad & Nancy Ritcher

Las microestructuras suelen venir impuestas y no siempre la organización es consciente de su influencia cultural. El caso es que evidencian normas no escritas, pueden revelar valores corporativos contrarios a los declarados y muestran, a quien quiera verlo, cuál es realmente el valor de las jerarquías.


Estructuras de una organización que aprende (adaptado de "Liberating Structures")

martes, 24 de noviembre de 2020

La tentación de delegar en máquinas tareas que nos corresponden

En su último libroKai-Fu Lee describe con mucha claridad y cierto pesimismo, las cuatro olas de Inteligencia Artificial (IA) que inundarán nuestra vida cotidiana y que transformarán el trabajo para siempre, suplantando a millones de empleos en todo el mundo.

Aunque el debate es muy amplio y lleno de matices, los avances tecnológicos muestran que la IA tienen el potencial de afectar profundamente a la sociedad y transformarla por completo.

Un cambio ineludible y sin retorno que hace que muchos estén dispuestos a aplicar la tecnología en todas las áreas de su vida, aun en las más personales o íntimas, como la búsqueda del amor, el coaching o la psicoterapia.

Las cuatro olas tecnológicas


La  es la IA de Internet, basada en algoritmos de recomendación.

En esta ola, el sistema aprende de nuestras preferencias personales.

A partir del rastro que dejan nuestros hábitos de navegación, elabora un perfil de clics y luego nos muestra contenido seleccionado que coincide asombrosamente con nuestros gustos y deseos: libros, música, películas, noticias, anuncios, etc. 

Esta IA nos envuelve, poco a poco, en un mundo virtual limitado, una zona de confort creada a nuestra imagen y semejanza de la que es difícil salir si no ponemos conciencia. 

Una burbuja informativa que nos aísla y nos acomoda, hasta el punto de ser la red quien decida lo que leemos y pensamos. Con consecuencias tan nefastas como la merma de pensamiento crítico o la polarización que se percibe a la hora de argumentar determinadas cuestiones de actualidad.

La es la IA empresarial, basada en datos geoetiquetados.

Esta IA se nutre con la información que las empresas acumulan sobre nuestros hábitos de consumo y el uso que hacemos de determinados servicios como compras con tarjetas de crédito, préstamos, seguros, sentencias judiciales, multas, diagnósticos médicos... 

Este algoritmo entrenado con datos masivos, busca correlaciones ocultas que escapan al ojo humano y puede tanto acelerar diagnósticos médicos, mejorando la salud de las personas, como ahorrar costes o maximizar las ganancias de las empresas hasta límites perversos.

El circuito perverso de maximizar beneficios con IA

La es la IA de la percepción donde las máquinas dejan de estar ciegas y sordas.

Con esta IA, los algoritmos interpretan los píxeles, reconocen imágenes y pueden identificar tanto palabras como analizar el significado de frases completas por medio de bots.

La IA de Facebook, por ejemplo, ya distingue entre un brócoli y un cogollo de marihuana. Una forma elegante de bloquear su molesta venta 'online' mientras explota sin escrúpulos el perfil de sus usuarios o es incapaz de contener el discurso de odio que circula en su sistema.

La es la IA autónoma donde las máquinas no solo ven y oyen sino que además, pueden entender el entorno y actuar sobre él. 

Es la culminación de las tres olas anteriores.

Con la llegada de esta última, se amplía de forma exponencial las tareas que los robots pueden realizar en fábricas, transportes y almacenes, tal y como Amazon Robotic o Boston Dynamics nos muestran continuamente. 

Estos robots autónomos, vitaminados con 5G, harán posible escenarios productivos con escasa intervención humana, impensables hasta hace poco, con un atractivo irresistible en el mundo de los negocios: crear valor directo para sus propietarios, sin las molestias ni los engorros que causan los humanos.

En este grado de automatización, el retorno de la inversión es tangible e inmediato. Es una solución tecnológica ideal para que las máquinas se encarguen de las tareas peligrosas o rutinarias, pero también para sustituir a trabajadores especializados que resultan cada vez más caros o difíciles de encontrar.

La tentación


Con este fin económico, se puede llegar a pensar que trabajos aparentemente simples, pero duros o tediosos, como limpiar una habitación desordenada, cuidar un niño o atender las necesidades de un anciano, pronto serán desempeñados por robots. 

Sin embargo, parece que no es así. 

Kai-Fu Lee cree que los robots humanoides para el hogar tardarán en llegar y por ahora, siguen siendo inalcanzables.

En la base de este escepticismo se encuentra un principio de la IA conocido como paradoja de Moravec, que dice así:
Al contrario de lo que podríamos suponer, para la IA es relativamente fácil imitar las capacidades intelectuales o computacionales de un adulto, pero es muy difícil dar a un robot la percepción y las habilidades sensoriomotoras de un niño pequeño. 
Resolviendo el test de Kamprad
A la IA se le da genial pensar, razonar, calcular, pero a los robots se les da fatal manipular objetos dispersos con intención y delicadeza. 

Las micro habilidades necesarias para atarse el cordón de un zapato o montar un mueble de Ikea, no son sino el complejo resultado de una programación escrita y optimizada por la evolución natural durante millones de años.

No digamos la sensibilidad para interpretar un gesto humano o apreciar una buena broma.

La empatía es exclusivamente humana


En los seres humanos, el efecto de una sonrisa o un ceño fruncido puede tener significados distintos según el contexto; sin embargo, ambos desencadenan la liberación de neurotrasmisores específicos que influyen en nuestro estado de ánimo.

Al expresar una emoción, la química cerebral activa nuestras neuronas espejo. Las mismas que se activan en nosotros cuando vemos esa misma emoción en otra persona. 

Si sentimos lo que otros sienten es porque entendemos lo que sus gestos nos reflejan y es así como desarrollamos la capacidad de sentir empatía. 

Por supuesto, este peculiar fenómeno emocional lo podemos convertir ya en datos.

Con el uso de sensores corporales e indicadores fisiológicos, una IA puede saber qué nos influye emocionalmente y replicar en un humanoide la postura, el tono de voz o el movimiento de los ojos con gran realismo. 

Cuanto más se acerquen estos gestos a la apariencia real, más empática será la respuesta humana, hasta un punto en el que nos generará un fuerte rechazo. Es lo que se conoce en robótica como la teoría del valle inquietante. Una respuesta natural de nuestra especie todavía por explicar. 




Sin embargo, a pesar del realismo que podamos conseguir con esta tecnología, un humanoide nunca nos hará sentir como lo hacen los seres humanos, ni tampoco sabrá actuar con tacto y manga ancha en situaciones comprometidas o ambiguas. Será necesaria la mediación de un empatólogo, un profesional de carne y hueso, para que interprete y mejore la comprensión de los diferentes matices emocionales que se le escapan al sistema.

Mucho más si nos da por llorar de alegría o reír de miedo.

El engaño de delegar en máquinas responsabilidades que nos pertenecen


Los niños y los ancianos no estarán bien cuidados porque puedan conversar con un asistente virtual como Siri o Alexa, o pasarse horas y horas entretenidos con una tablet, por muy educativo que sea lo que vean. Ni siquiera cuando los robots humanoides funcionen perfectamente.

A pesar de la grandísima ayuda que supone recurrir a estos autómatas en caso de enfermedad o desasistencia, lo que las personas necesitan no es la garantía de que un objeto inanimado les ayudará en las tareas domesticas o les hará compañía. Lo que necesitan son relaciones que les muestren reciprocidad, cariño y empatía de verdad.

Si algún día las máquinas lo consiguen: ¿cómo vamos a explicar a estas personas tan vulnerables por qué no hay un ser humano disponible para hacer ese trabajo con amor?. 

lunes, 21 de octubre de 2019

Fuerzas poderosas para una transformación cultural. Sí, la digital también.


Análisis del campo de fuerzas en una transformación cultural

Antes de esbozar mi participación en un proyecto sobre gestión del cambio, si tengo la oportunidad, me gusta conversar de manera informal con algunas de las personas que estarán presentes en las sesiones.

No lo hago en busca de datos objetivos o certezas sobre un caso que desconozco, sino con la idea de descubrir motivos, intenciones y otros intangibles actitudinales que forman parte del espacio vital de las personas que me lo cuentan y que tienen que ver con como perciben el ambiente psicológico en su equipo o departamento.

Por ejemplo, me intriga averiguar el grado de transparencia que debe permitir el equipo promotor del cambio para asegurar que la intervención sea constructiva y qué fuerzas emocionales campan por la organización que impiden o aceleran su aparición.

Fuerzas por el cambio y fuerzas por la continuidad


Hay dos fuerzas poderosas que mueven al ser humano y nos moverán hasta que seamos sustituidos por robots: 
el amor y el odio.

Esta última, el odio, fue la que inspiró los métodos dictatoriales de la Alemania Nazi. Un horror que llevó a Kurt Lewin a comprobar experimentalmente en el exilio, la eficacia de la participación frente a la obediencia ciega y cuyos resultados confirmaron su Teoría del Campo que tanto influyó en la Psicología Social posterior.

Espacio vital con campos de fuerzas de distintas valencias
Los objetivos casi nunca se consiguen en linea recta
Lewin toma el concepto de "campo de fuerzas" prestado de la física.

Según la física, un cuerpo se mantiene en reposo cuando la suma de fuerzas que actúan sobre él es nula y se moverá en una dirección u otra cuando estas se desequilibren.

Este sencillo concepto físico sobre el movimiento es aplicable también a situaciones que involucran factores humanos como por ejemplo, el grado de digitalización, agilidad o innovación de determinado departamento u organización. 

Este grado será superior a otro, porque la presión estratégica que actúa sobre él, los deseos de sus miembros o la competitividad que requiere su supervivencia le impulsa a una actualización permanente; mientras que otros departamentos, más descontentos, desinteresados o alejados de la toma de decisiones, continúan cómodamente lastrados en el pasado.

Espacio vital con potencial de cambio
Estemos como estemos, donde nos encontramos es el estado actual. Una situación de equilibrio que hay que descongelar para superar la presión de la resistencia individual y el conformismo del grupo a continuar igual. Y esto se puede hacer de tres maneras:

  1. Aumentando las fuerzas impulsoras del cambio.
  2. Reduciendo las fuerzas mantenedoras de la continuidad.
  3. Espacio vital resistente al cambio
  4. Combinando sabiamente las dos.

Lewin creía que 'la mejor manera de entender algo, es intentar cambiarlo'. Por eso, su psicología es una psicología de la acción, donde las motivaciones y necesidades humanas juegan un papel muy importante.

El análisis del campo de fuerzas ayuda a diagnosticar problemas de implantación de cualquier iniciativa de cambio que dependa de actitudes personales para ser aceptada. 

Como por ejemplo:

  • Apoyar la selección y promoción de nuevos perfiles de colaboradores, mejor preparados, más jóvenes, frente al sentimiento de sentirse obsoleto. 
  • Crear o rediseñar los actuales modelos de socialización: formación de acogida, ritos, símbolos. La nueva imagen de marca puede sufrir rechazo por no tener en cuenta la historia y los mitos fundacionales de la organización, frente a la curiosidad y el estímulo que suscita lo desconocido.
  • La alfabetización digital y el uso de tecnologías sociales. Me viene a la cabeza el empeño por crear embajadores de marca en plantillas poco comprometidas, frente al deseo de sentirse en la cresta de la ola en las redes sociales. 
  • La introducción de un software de gestión (ERP, CRM, SAP, etc.). Miedo a la tecnología, a tensiones departamentales por aumento de la transparencia, frente al alivio de una prometida disminución de la carga de trabajo.
  • Romper los silos departamentales: creando espacios de colaboración eficientes donde tomar decisiones ágiles, frente a la comodidad de permanecer anclados en rígidos procesos o estrategias.

No existe transformación digital sin transformación cultural

Conocer la magnitud de estas fuerzas contrapuestas ayuda a comprender mejor los motivos que impulsan a las personas a involucrase más o menos en los proyectos y la disposición y el potencial de un sistema para transformarse.

Cuestiones más cercanas al amor que a odiosas imposiciones. 

miércoles, 13 de marzo de 2019

El camino hacia la maestría pasa por la innovación, seas ágil o no.

El camino hacia la maestría

Jeff Sutherland, el co-creador de Scrum, practicó Aikido (合気道) durante muchos años.

Como comenta en su libro "The art of doing twice the work in half the time"Scrum echa raíces en el pensamiento y la práctica japonesas. De hecho, la conexión es tan profunda que cuando visitó a Ikujiro Nonaka para darle a conocer su “filosofía” ágil, a este no le sorprendió en absoluto.

Para los japoneses, ese modo de trabajar no es una novedad sino que forma parte de su manera de hacer las cosas. Es su modo de vida.

Aprender y mejorar continuamente 
Scrum, como el Aikido o el baile en pareja, son artes fáciles de entender pero extremadamente difíciles de dominar. Solo se aprenden con la práctica. Repetir movimientos y técnicas, una y otra vez, hacen que el cuerpo, la mente y el espíritu se sincronicen, mejorando continuamente la técnica hasta lograr la excelencia.

Este compromiso a largo plazo nos permite ver la magia de un equipo alineado en un proyecto, a una pareja de baile deslizarse con elegancia en la pista o contemplar la belleza de un randori   (乱 取 り) de Aikido sin hacer uso de la fuerza.

Para explicar este camino de aprendizaje, el 8ª Dan Sheishiro Endo recurre al concepto de ShuHaRiel mismo que utiliza Jeff Sutherland a la hora de enseñar Scrum.

ShuHaRi está formado por tres palabras [Shu-Ha-Ri] que describen cada uno de los estados por los que se pasa cuando buscamos la maestría. 

Este camino de mejora, utilizado como principio básico de aprendizaje en las fabricas Toyota , se ha extendido rápidamente en occidente gracias a las metodologías ágiles, pero forman parte del saber hacer japonés desde tiempo inmemorable.
Veamos:
Shu
1. Obedecer (seguir el método)
En el estado Shu, las normas y reglas se repiten como si fueran pasos de baile o una Kata de artes marciales, con mente de principiante (shoshin  初 心) y sin rechistar El objetivo es que el cuerpo asimile los movimientos y los integre sin juzgar. Aquí no se acepta la improvisación ni la crítica.

El obediente aprendiz, bajo la atenta mirada del maestro, aprende los fundamentos del método imitando las tareas con los estándares precisos.

Un ejemplo, es la importancia que se ha dado siempre a experimentar la obediencia antes de ejercer el poder, porque "quien nunca ha obedecido no sabe mandar: quien ha obedecido poco y de mala gana, manda mucho y pocas veces bien; y quien ha obedecido mucho y bien, manda bien y poco" (*).

Será por eso que algunos propietarios quieren que sus hij@s empiecen en la empresa familiar desempeñando los puestos más humildes en el organigrama, como uno más, antes de asumir mayores responsabilidades en la dirección.

Ha
2. Romper (desprenderse del método)
En Ha, se domina el método. Se tiene soltura y fluidez. En este punto el oficial empieza a leer entrelineas los principios teóricos ocultos en la técnica, busca otros referentes e intenta nuevos enfoques que se adapten mejor a su ser, innova.

Matar al padre es la metáfora utilizada por Freud para expresar este momento de ruptura a nivel psicológico.

Un tiempo de maduración donde nos vamos separando de la figura de autoridad que representan nuestros padres, dejándoles de admirar como lo hicimos de niños y les vemos como realmente son, con sus defectos y virtudes. Una transformación que puede resultar muy dolorosa si no estamos preparados para aceptarla.

Aquí, nos desprendemos de la forma, de normas y creencias que les pertenecen a ellos, útiles en otro tiempo pero sin sentido para nosotros en la actualidad. Matar al padre no significa renegar del pasado sino impedir que nos afecte negativamente en nuestro crecimiento, un factor decisivo para alcanzar la autonomía y la responsabilidad en la edad adulta.

Quien tenga un hijo adolescente, esté en proceso de relevo generacional o quiera triunfar profesionalmente en el mismo campo que lo hizo su progenitor, sabe a qué me refiero.

Ri
3. Trascender (crear el método)
En Ri, el maestro abandona los modelos que le han llevado hasta aquí y empieza a aprender de su propia práctica. Crea sus propias aproximaciones y adapta lo aprendido a sus circunstancias particulares. Crea un estilo propio.

No es cuestión de talento


El camino hacia la maestría empieza cuando se decide con empeño aprender una nueva habilidad, pero adquiere especial relevancia cuando depende de los demás para mostrarse, como ocurre con el trabajo en equipo, la coordinación de un paso de baile en pareja o un randori de Aikido.

En los tres, encontraremos personas muy motivadas al principio que desertarán al poco tiempo y otras que empiezan desganadas y, sin embargo, terminarán muy comprometidas.

El hecho es que no siempre será la persona con más talento quien logre la maestría sino la más resiliente. Quien ponga atención, práctica y un esfuerzo continuado a pesar de la adversidad, por alcanzar un nuevo estado en el que las cosas fluyan y sucedan de un modo más auténtico.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Coaching de equipos: el modelo GROW, la atención y el aprendizaje.

El modelo GROW aplicado al modelo FOCUS

Aunque no ha gozado del interés investigador de otros procesos psicológicos como el pensamiento o el lenguaje, la atención es considerada por muchos expertos como una de las variables que más influye en el éxito académico y deportivo.

La atención permite a la persona tomar conciencia de sí misma y de su entorno, se encuentra en el origen de cualquier movimiento intencional y hace posible el ajuste del comportamiento a las condiciones y demandas cambiantes del ambiente. Es más, todo aquello que somos, lo que pensamos, sentimos y hacemos: todo lo que amamos, es la suma de nuestros focos de atención a lo largo del tiempo.

Hasta tal punto es importante hoy en día, que hay quien la considera el nuevo Cociente Intelectual porque nos permite seleccionar entre la ingente cantidad de información ambiental, la información oportuna y actuar de manera inteligente.

No podía ser menos en el ámbito profesional.

El hecho de conocer y dominar los procesos atencionales no solo facilita la ejecución de la tarea sino que además, incrementa notablemente la probabilidad de conseguir la excelencia en aquello que nos propongamos.

Y en este aprendizaje tan necesario, el coaching ejecutivo o de equipos tienen mucho por hacer.

El modelo GROW


Si te interesa el coaching, el modelo GROW lo conocerás de sobra.

El origen y la propiedad de este modelo se pierde en la noche de los tiempos y es tan sencillo de aplicar, que su orfandad intelectual le ha supuesto una ventaja a la hora de divulgarlo, convirtiéndolo en una metodología popular para alcanzar metas y resolver problemas (del 
Valorando opciones
mundo exterior
) en los equipos.

Si bien el coaching se conoce más como una intervención cara a cara, uno a uno, también se puede utilizar en intervenciones grupales donde el compromiso y su poder transformador alcanzan un valor considerable.

En el modelo GROW cada letra representa una fase de la intervención:

Goal - Establecer la meta.

En esta fase se clarifica lo qué se quiere alcanzar como grupo tanto a corto como a largo plazo:

  • ¿Qué veréis, oiréis y sentiréis cuando lo hayáis conseguido? 
  • ¿En qué medida el objetivo es un reto motivador para vosotros?

Reality - Reflexionar sobre la realidad.

Aquí se busca despertar la conciencia y examinar cómo la situación actual está impactando en las metas del grupo:

  • ¿Cómo fueron las cosas la semana pasada?
  • ¿Qué se hizo? ¿Qué se dejó de hacer?

Options - Ver opciones, eliminar obstáculos.

Aquí se fomenta la participación en busca de ideas y soluciones:

  • ¿Cuáles son las opciones que tenéis?
  • ¿Cuáles han funcionado en el pasado?
  • ¿Cuáles no habéis intentado pero podrían funcionar?
En esta fase, el grupo imagina y selecciona las opciones que mejor contribuyen a lograr las metas que se han acordado.


  Will Voluntad, comprometerse y actuar.    
   What - ¿Qué se va a hacer?
   When - ¿Cuándo?
   Whom - ¿Quién lo hará?

Aquí, el objetivo es asistir a las personas del grupo para que determinen los pasos a seguir y se alineen con ellos:

  • ¿Cuál es la cosa más importante para hacer próximamente?
  • ¿Qué sois capaces de apoyar incondicionalmente ahora?
  • ¿Qué os retiene en el proyecto? ¿Qué os haría cambiar de idea?

Como puedes observar, en cada fase del modelo GROW el foco de atención desplaza la mirada desde el interior al exterior de las personas, según el contenido que se trate, tal y como indica el modelo Focus. Ademásdurante el proceso, se cumple con la secuencia de aprendizaje integral del ciclo de Kolp.

Integrar los tres modelos en un proceso de coaching de equipos enriquece enormemente las intervenciones, porque amplia las fuentes de donde se obtienen los datos y contribuye a consolidar una modalidad eficiente de aprendizaje en toda la organización.

martes, 17 de octubre de 2017

El valor del desacuerdo para el aprendizaje y la innovación


Exponer en grupo hace germinar la creatividad y facilita el aprendizaje


El motivo de mi interés por proponer exposiciones individuales en círculo es porque considero que confrontar perspectivas distintas o poco familiares, hace germinar la creatividad del grupo en su conjunto.

En este formato, libre de mobiliario defensivo, no tenemos nada que ocultar. Los gestos, las actitudes de atención y respeto quedan al descubierto y si cuidamos los límites personales, se convierte en el lugar idóneo donde lanzar ideas sin miedo y debatirlas con fuerza sin atacarse personalmente.

Activando las discrepancias


Disentir en grupo es arriesgado pero intelectualmente vigorizante. Dudar nos hace revisar los datos que sostienen nuestras certezas, evaluar creencias que nos limitan y probar nuevos caminos mentales que antes parecían imposibles.

Además, no hay nada más productivo para el mundo de las ideas que el desacuerdo entre un grupo de personas inteligentes convencidas de que la razón no les pertenece. Que pueden compartir cara a cara su conocimiento sin necesidad de perderse en inútiles luchas de egos.

Engranajes valiosos para innovar en grupo
En este sentido, a pesar de la multitud de soportes tecnológicos que facilitan tener reuniones virtuales o conversaciones instantáneas para coordinar acciones, son muchas las organizaciones que carecen de buena comunicación interna y muchas las personas que eluden responsabilidades por mero desconocimiento

He visto casos donde actores ajenos a la organización, como clientes o proveedores, conocían detalles de nuevos productos o estrategias que los mismos empleados ignoraban.

Lo cierto es que ante la ausencia de buena información las personas se la inventan. Es más, cuando las personas desconocen la conexión de sus proyectos con los valores o la estrategia de la compañía, tratan de imaginársela. Cuando desconocen cual es el rendimiento de otros equipos, elaboran suposiciones y cuando desconocen muchas cosas sobre la vida personal de sus compañeros, jefes o directivos, chismorrean sobre ellas.

Más allá de rumores y palabrería, el verdadero problema en las organizaciones no es el ruido y su confusión, sino el silencio. La existencia de una diversidad de cerebros vibrando entre sí llenos de ideas desaprovechadas, hilvanadas sin llegar a ser articuladas.

El contacto nos hace empáticos
En equipos dispersos como los virtuales o los presenciales separados por su localización en las instalaciones, es vital crear oportunidades para
compartir visiones personales y conectar el trabajo con ellas.

Crear espacios de contacto donde sea posible una comunicación honesta y empática: la mejor herramienta conocida por el ser humano para gestionar nuestras diferencias. 

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Las fotografías y el gif son propiedad de Sonya Popova que con tanto cuidado hace posible el trabajo con estos grupos.

lunes, 11 de mayo de 2015

Cómo crear valor en nuestros pequeños mundos conectados

En la red social

Lo explica muy bien The New Yorker: el promedio de personas que alguien puede mantener activo en su grupo social es de ciento cincuenta (número de Dunbar). Cualquier cosa más allá de esa cifra, sería demasiado complicado de manejar en niveles óptimos de procesamiento para un humano. 

La afirmación se basa en los estudios de Dunbar sobre la relación entre el tamaño de la corteza cerebral de los mamíferos y la complejidad del grupo social donde vive.

Nuestro pequeño mundo


En el caso de las sociedades humanas, Dunbar descubrió que este número crece y disminuye, más o menos, según una "regla de tres":
  • 150 sería el número aproximado de invitados a una gran fiesta formada por todos los conocidos que saludamos y nos importa saber de ellos de vez en cuando.
  • 50 el número de personas a las que podemos llamar amigos. Aunque las vemos a menudo, mantenemos el tipo y procuramos no perder los papeles cuando estamos con ellos. Las conocemos bastante pero no tanto como para llamarles verdaderos amigos.
  • 15 las que puedes confiar cuestiones más o menos personales y te sientes cómodo con ellas. 
  • 5 es el grupo de apoyo cercano, el número de amigos íntimos que te conocen más allá de los estereotipos. 
Como cada uno de nosotros alimenta y mantiene su mundo particular de íntimos, conocidos y amigos, todos conformamos lo que se llama una red de mundos pequeños, es decir, una combinación de personas que a su vez se conectan entre sí en distinto grado.

Nuestra red de 'mundos pequeños' conectados

Igual tu y yo no compartimos amigos íntimos pero seguro que, a pesar de la separación y la distancia, una cadena de conocidos me podrían llevar hasta ti. No más de seis según Stanley Milgram.

Pues bien, debido al principio  que gobierna el crecimiento de las redes, las personas que entran a formar parte de ellas no se conectan al azar, sino que prefiere conectarse con aquellas que están bien conectadas.

El mecanismo es simple pero funciona en otros muchos ámbitos. 

Por ejemplo, es más probable que elijamos un libro que aparece en la lista de los más vendidos que otro que, por bueno que sea, nos es desconocido.

El resultado de este patrón de selección en la vida social es que las personas ricas en enlaces se enriquecerán más que sus pares. Será más fácil aceptar en nuestra red a una persona popular que otra con apenas contactos.

 ¿Y en las organizaciones?

En las organizaciones estos mundos pequeños también están presentes. 

Por ejemplo, un buen equipo es un grupo de personas muy conectadas que interactúan frecuentemente y que han desarrollado entre ellos lazos fuertes.

Sin embargo, es posible que las conexiones entre los equipos que forman una organización sean ocasionales (lazos débiles) o nulas en el peor de los casos. 

Esto último crea una desagradable desconexión informativa entre las personas. Nos enteramos de lo que sucede a salto de mata. 

A partir de esta idea, Ron Burt, identificó dos actividades distintas que aportan valor a estos pequeños mundos conectados: intermediar y cerrar.
  • Intermediar, que consiste en desarrollar actividades que sirvan para construir puentes entre los grupos o departamentos con escaso contacto (crear lazos débiles). 
Pueden ser actividades informales, lúdicas o deportivas pero también actividades formativas con personas de distintos departamentos donde las dinámicas participativas jueguen un papel importante. 
  • Cerrarque consiste en desarrollar lazos fuertes para construir confianza, reputación y un sentimiento de comunidad entre los miembros. Cerrar permite entender las conexiones que vinculan a las personas y darles una identidad común.
Intermediar y cerrar los mundos pequeños de una organización 

Crear puentes (intermediar) conduce a la innovación, a descubrir con los demás soluciones e ideas novedosas a partir de la diversidad. 

Construir confianza (cerrar) conduce a mejorar el rendimiento del equipo y acelerar su adaptación a los cambios.

Lo ideal sería que cada unidad de negocio fuese tan pequeña como para que cada empleado pudiese entenderla como la totalidad del sistema. Un grupo con más de 150 personas perdería las dimensiones humanas de procesamiento de la información social.

En su defecto, toda organización podría disponer de un espacio y un tiempo donde reunirse para aclarar sus preocupaciones organizacionales. 

Estas reuniones resultarían baratas comparadas con las horas de formación desperdiciadas en programas impuestos de los que solo unos pocos se benefician.

viernes, 24 de octubre de 2014

Buscar el futuro, aquí y ahora.




















Una forma de empezar a construir organizaciones inteligentes es dejar de adornar el discurso con esa bonita prosopopeya y darnos cuenta que quienes realmente aprendemos somos las personas. Las organizaciones por si solas no son nada, tan solo un montón de datos y seres humanos, más o menos inteligentes, intentando cumplir una misión que no siempre tenemos clara.

En este entorno caótico, trabajar con datos aislados tiene poco sentido. La información es un activo económico que tiene valor cuando se relaciona y se transforma en conocimiento, algo que no podemos almacenar a la espera de encontrarle utilidad. Los propietarios son las personas, que lo crean y lo comparten si quieren, en determinados momentos y según que situaciones.

Con el fin de extraerlo y sacar provecho para la organización, muchas personas ven en la tecnología social tanto el problema como la solución. 

Por una parte, las redes simplifican las jerarquías disolviendo los compartimentos estancos para que fluya mejor la información. 

Por otra, los acontecimientos suceden tan rápido que es difícil coordinar acciones con un sentimiento común. Entonces ¿cómo organizar esta complejidad sobre tanta inestabilidad?

Las reuniones participativas que propone el Future Search, son un buen método para que, bajo determinadas condiciones, las personas cooperen y transformen su conocimiento en acción, conectando la información de que disponen

Algunos principios que aseguran el éxito son:
  • Invitar a personas trasversalmente significativas que tengan que ver con los resultados que están en juego. 
  • Crear las condiciones para que los participantes puedan experimentar el 'elefante entero' y no solo una parte de la organización. 
  • Poner el foco en el futuro y en el 'terreno común', no en los problemas del pasado.
  • Ceder poder en la medida que capacitamos a las personas para que se hagan responsables de su aprendizaje.
  • Elaborar planes de acción y revisarlos periódicamente.