lunes, 5 de noviembre de 2018

El rol de facilitador en la gestión de proyectos

Cuatro modos de mirar(se) en un proyecto según el Modelo Atencional.

Con la idea de crear organizaciones más delgadas y eficientes, el ser humano ha invertido un tiempo y un esfuerzo considerable. La búsqueda de la reflexión constante y la mejora continua para hacerlas más esbeltas se ha dirigido generalmente al estudio sistemático de sus procesos. A analizar qué elementos intervienen en la creación de valor y eliminar con precisión quirúrgica la grasa improductiva que les sobra.

Las decisiones se toman siguiendo la máxima minimalista: "Si algo es útil se conserva. En caso contrario, es mejor eliminarlo."

Explorando el mundo exterior de las tareas
Y con ese espíritu dietético, se han puesto en marcha diversas metodologías organizativas y de producción: Círculos de CalidadLean Manufacturing, 5S, Kaizen, etc. A las que se sumó en los 90 el marco de trabajo creado por Scrum que aporta agilidad a los proyectos.

Todas inauguran la cultura de analizar, evaluar y actuar desde la experiencia de las personas que están en contacto con el producto o servicio que se ofrece. Se busca el conocimiento directo de los problemas y la colaboración plena entre directivos, mandos y operarios en su solución. Comunicar e involucrar a toda la organización es el mantra que se escucha.

Sin embargo, al implantar estas 'filosofías', se pone el foco más en la objetividad de los procesos y técnicas que se predican, que en cuidar el mundo interior de las personas, más subjetivo y difícil de manejar. Curiosamente se descuidan los aspectos motivacionales a pesar de reconocer que es la clave para hacerlas funcionar.

Explorando el mundo interior de las motivaciones
En los equipos, las disfunciones aparecen cuando las relaciones amigables dejan de ser informales y entran en la vía de la eficacia que exigen los objetivos. Cuando se alteran las reglas del juego para satisfacer prioridades organizativas que no coinciden con las individuales y aparecen dilemas difíciles de resolver.

Que tendamos a poner el foco en las cuestiones técnicas más que en las humanas no es porque sean más importantes, sino porque nos resulta más fácil y menos doloroso. Preferimos antes el aséptico empirismo de los datos mostrados en un papel que indagar el porqué de la insatisfacción o el escaso compromiso mostrado por tal o cuál persona en el proyecto. Además, las relaciones humanas son complicadas y sus efectos pueden tener consecuencias negativas en nuestro trabajo si no sabemos gestionarlas bien.

En este sentido el rol del facilitador en un proyecto es crucial.

El facilitador debe ser capaz de conjugar el mundo interior de las personas (sus renuncias y motivaciones) con el mundo exterior de los procesos (centrado en las realidades que configuran el entorno donde opera el equipo).

Sin este equilibrio, los equipos y las organizaciones se convierten en una fuente inagotable de tensiones. Sencillamente porque sus valores y prioridades difieren de los nuestros. Diferencias naturales que, hasta cierto grado, debemos reconciliar.