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viernes, 30 de enero de 2026

¿Se puede trabajar en equipo "sin llevarse bien"?

 



Sí.

Es posible forzar la creación de un equipo, siempre que existan: 

  • objetivos compartidos
  • roles definidos, y
  • reglas de juego claras

Pero forzar el compromiso no lo es. 

La cuestión es que, cuanto menos nos importan las relaciones personales, más nos empeñamos en definir normas y hacerlas cumplir. 

Y para muchos es suficiente.

¿Qué interés hay, entonces, en buscar la cohesión?

¿Qué relación guarda con la productividad?
 
Cuando un equipo forma una “piña”, pasan dos cosas clave:

1️⃣ Bajan los costes de coordinación: las personas no necesitan protegerse, justificarse ni leer entre lineas.

- Se comunica más rápido.
- Se pide ayuda antes.
- Se corrigen errores.

2️⃣ Mejora la búsqueda de la verdad:

- La gente no se calla por miedo.
- Se discrepa en serio, no por juegos de poder.
- Se evitan luchas de egos, no se busca tener la razón.

Pero claro, para algunos entender el valor de la cohesión les perjudica.

Porque la cohesión es una fuerza que les puede cuestionar y, por eso, no le dan importancia.


miércoles, 3 de diciembre de 2025

Confesiones de un formador imperfecto: el dilema entre el ORDEN y la VERDAD


En las organizaciones se convive con una tensión silenciosa: 

▶︎ la necesidad de mantener el 𝗼𝗿𝗱𝗲𝗻 para que todo funcione, y 
▶︎ la urgencia de buscar la 𝘃𝗲𝗿𝗱𝗮𝗱  para que las relaciones sean auténticas y el trabajo tenga sentido. 

En ese equilibrio frágil, se juega buena parte de la salud de un equipo.

Tener roles definidos, 
métodos claros 
y normas consistentes, 
son 𝗘𝗦𝗧𝗥𝗨𝗖𝗧𝗨𝗥𝗔𝗦 estables 
que reducen la ambigüedad como fuente de conflictos.

Buscar la 𝘃𝗲𝗿𝗱𝗮𝗱,
con un “feedback” sincero,
una comunicación honesta, 
y la coherencia entre lo que se dice y se hace, 
son 𝗣𝗥𝗢𝗖𝗘𝗦𝗢𝗦 intangibles que fortalecen la confianza.

Y esta es la duda:

¿𝙃𝙖𝙮 𝙦𝙪𝙚 𝙗𝙪𝙨𝙘𝙖𝙧 𝙡𝙖 𝙑𝙀𝙍𝘿𝘼𝘿 𝙮 𝙖𝙧𝙧𝙞𝙚𝙨𝙜𝙖𝙧𝙨𝙚 𝙖 𝙞𝙣𝙘𝙤𝙢𝙤𝙙𝙖𝙧, 𝙤 𝙢𝙖𝙣𝙩𝙚𝙣𝙚𝙧 𝙚𝙡 𝙊𝙍𝘿𝙀𝙉 𝙖𝙪𝙣𝙦𝙪𝙚 𝙞𝙢𝙥𝙡𝙞𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙖𝙡𝙡𝙖𝙧❓

miércoles, 15 de octubre de 2025

El drama del formador en liderazgo que no sabe callar


 Cuando uno se enciende escuchándose a sí mismo, la voz del grupo se apaga.

Corrían los años setenta, cuando en el colegio nos llevaron, en fila de uno, a un aula donde un joven misionero nos hablaría del liderazgo de la institución en tierras lejanas.


Cuál fue mi sorpresa que al entrar, me encontré una sala sin más mobiliario que unos cojines, unas mantas desordenadas por el suelo y la cálida voz de la joven promesa espiritual ordenando que nos sentásemos en círculo a su alrededor. 

He de decir que al fondo había una guitarra española de la marca “Alhambra”que desentonaba con la austeridad del recinto (a pesar de estar afinada, como pudimos comprobar más tarde), pero que daba un aire folclórico y distendido a la escena. 

El joven apóstol había pasado años entre las tribus del amazonas mejorando sus infraestructuras y ahora estaba destinado a divulgar su labor de liderazgo entre los indígenas a las congregaciones que lo solicitaban.

Lo más curioso fue que no empezó con un monólogo, como era de esperar, sino con preguntas al aire que al principio crearon un silencio sobrecogedor, y que más tarde se convirtieron en leña para un montón de conversaciones interesantes. 

En esa época, nadie tenía la costumbre de debatir cara a cara y mucho menos cuestiones ajenas al contenido formal de la asignatura que tocaba, y en este caso, las preguntas iban dirigidas a nosotros y a nuestro mundo interior. 

Por no tener, no teníamos ni vocabulario emocional para describirlo.

Sin embargo, la cosa terminó asombrosamente bien. 

Y fue tal la impresión que me causó el predicador (que no hablaba) y de su arte para moderar y conducir conversaciones, que podría situar en ese momento el nacimiento de mi interés por la psicología y los grupos.

Así que, cuando me encuentro con formadores dando charlas a un grupo de alumnos sentados en círculo, me alegro.

Y a continuación os explico por qué. 

Cuando el formador decide una disposición tan arriesgada como el círculo, está haciendo mucho más que despejar el espacio y mover o quitar sillas. Está lanzando un mensaje simbólico ancestral, profundamente arraigado en la experiencia humana.

En las primeras comunidades, el fuego era el centro de atención. Ha sido fundamental para la supervivencia y el desarrollo humano. Y a su alrededor se han compartido historias, aprendizajes y se han tomado grandes decisiones.


⭕️ El círculo, 
🔆 rompe jerarquías, 
🔆 iguala miradas y 
🔆 distribuye el poder del aprendizaje por igual.

Es un gesto sencillo, 
pero profundamente transformador… 


Siempre que se acompañe de la 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘁𝘂𝗱 𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲𝗰𝘁𝗮.✅

Porque si el formador convoca un círculo, 
pero sigue actuando como en una clase tradicional:
  • de pie y alejado,
  • dando la turra sin descanso o
  • apostillando la solución desde su rol de autoridad…
🔥El fuego que lo anima se apaga y
el círculo se convierte en puro 𝗽𝗼𝘀𝘁𝘂𝗿𝗲𝗼 𝗽𝗲𝗱𝗮𝗴ó𝗴𝗶𝗰𝗼.

La forma cambia, pero el fondo sigue igual.

𝗘𝗹 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗱𝗲𝗹 𝗰í𝗿𝗰𝘂𝗹𝗼 está en lo que implica: 

🔆𝘤𝘦𝘥𝘦𝘳 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘵𝘢𝘨𝘰𝘯𝘪𝘴𝘮𝘰, 
🔆𝘧𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘤𝘩𝘢, 
🔆𝘢𝘯𝘪𝘮𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘳𝘦𝘧𝘭𝘦𝘹𝘪ó𝘯 𝘺 
🔆𝘤𝘰𝘯𝘧𝘪𝘢𝘳, 𝘴𝘪𝘯 𝘢𝘯𝘴𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘪 𝘱𝘳𝘪𝘴𝘢, 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘤𝘦𝘴𝘰.

En esa disposición, 
el formador ya no es “𝘦𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘢𝘣𝘦 𝘮á𝘴 ” 
sino quien facilita el proceso de saber,   
quien ayuda a que las voces se encuentren y 
sea el grupo quien construya su propio aprendizaje.

Además, el círculo invita a otro ritmo. 

No busca correr para cubrir contenidos, 
sino detenerse para comprenderlos.
No busca la verdad revelada sino 
la verdad compartida.

Por eso, cuando un formador elige el círculo, debería 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿𝗹𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗰𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮:
no como un recurso estético que está de moda, 
sino como un acto de 𝗰𝗼𝗵𝗲𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝘆 𝗲𝗹 𝗳𝗼𝗻𝗱𝗼, 
entre lo que se enseña y cómo se enseña.

Porque en la formación en liderazgo, 𝙘𝙪𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙪𝙣𝙤 𝙨𝙚 𝙚𝙣𝙘𝙞𝙚𝙣𝙙𝙚 𝙚𝙨𝙘𝙪𝙘𝙝𝙖𝙣𝙙𝙤𝙨𝙚 𝙖 𝙨í 𝙢𝙞𝙨𝙢𝙤, 𝙡𝙖 𝙫𝙤𝙯 𝙙𝙚𝙡 𝙜𝙧𝙪𝙥𝙤 𝙨𝙚 𝙖𝙥𝙖𝙜𝙖.                                                                             

lunes, 9 de diciembre de 2024

Cuatro palancas terapéuticas para sanear las relaciones en la empresa familiar

Cuatro palancas terapéuticas


La empresa familiar es una maraña de afectos y desencuentros. Una trama de hilos de colores donde cada reunión de trabajo puede convertirse en un espejo de la dinámica familiar.
 
Por un lado, los lazos de sangre aportan un sentido de compromiso y lealtad difícil de replicar en empresas no familiares. Sus miembros comparten un legado común y un sentido de misión que trasciende la simple búsqueda de ganancias. Sentimientos que pueden ser una fuente de resiliencia y unión en momentos difíciles al fomentar la cooperación y el apoyo mutuo de manera natural.
 
Sin embargo, esa misma maraña afectiva puede convertirse en un campo de tensión.
 
Las disputas sobre la herencia, el control financiero y la distribución de recursos pueden abrir viejas heridas familiares, haciendo que la toma de decisiones sea más reactiva que estratégica.
 
Además, las rivalidades, las expectativas no cumplidas o favoritismos, pueden hacer que los desacuerdos se amplifiquen y las decisiones se vean influenciadas más por emociones viscerales que por un análisis racional. Llegando incluso, en casos extremos, a cometerse actos criminales con el fin de salvaguardar intereses particulares.
 
Para gestionar estas dificultades, es vital establecer una estructura clara de gobernanza. Unos principios de actuación que permitan separar lo familiar de lo empresarial. 
 
Esto puede incluir desde acuerdos informales “entre caballeros”, hasta protocolos escritos que reflejen con detalle cómo manejar los conflictos o cómo resolver los dilemas.
 
En esta maraña multicolor, encontrar un balance entre el calor familiar y las frías necesidades de la empresa es lo que a menudo diferencia el éxito del fracaso. 
 
Normalmente, este tipo de conflictos de relación suelen delegarse al área jurídica o fiscal donde expertos profesionales buscan soluciones inmediatas que ordenen la situación y eviten males mayores. Pero ¿cómo conseguirlo a nivel emocional? ¿qué tareas terapéuticas habría que llevar a cabo para sanear las relaciones sin perder objetividad?
 
Esta es mi propuesta: 
 
1.   Desconectar triángulos.
 

Según Murray Bowen, el sistema familiar mínimo está formado por tres personas, el padre, la madre y el hijo/a y entre ellos circula una tensión emocional que mantiene el triángulo en equilibrio. 

En un momento de sobretensión, uno de los vértices es excluido, culpabilizado o sobreprotegido dando inicio a los problemas graves de comunicación. Por ejemplo, cuando el padre y el hijo/a se alían, dejando fuera a la madre.
 
En términos generales, la triangulación se da cuando una tercera persona se involucra en la relación entre dos para reducir la tensión o el conflicto entre ellas. 
 
Cuanto más intensa es la relación, más probable es que se incluya a un tercero. Puede ser un acto consciente o inconsciente, y aunque a veces alivia la ansiedad, a la larga no resuelve el problema central y puede complicar las relaciones en el futuro.
 
Supongamos que una pareja de padres está discutiendo constantemente y siente tensión en su relación. En lugar de hablar directamente y resolver sus problemas, uno de ellos (o ambos) comienza a centrar toda su atención en el hijo. Esto puede traducirse en una excesiva preocupación por el comportamiento o el rendimiento del niño. El hijo se convierte así en una especie de "distracción" que desvía la atención del verdadero conflicto: la tensión entre los padres. 
 
En este caso, la triangulación se manifiesta en cómo el hijo es involucrado de manera indirecta para reducir el estrés de la pareja.
 
En una empresa familiar, por ejemplo, el padre (fundador y director general) y su hijo mayor (director de operaciones) tienen un conflicto recurrente sobre la implementación de nuevas tecnologías. El padre se resiste a los cambios y prefiere métodos tradicionales, mientras que el hijo insiste en la modernización. Ante esta tensión, el padre involucra a la hija menor (directora de finanzas), buscando apoyo para su postura tradicional.

La hija, queriendo evitar confrontaciones, se alinea con el padre y empieza a criticar al hermano. Esto refuerza el conflicto entre el padre y el hijo, mientras la dinámica entre los tres miembros se enreda y la comunicación directa entre el padre y el hijo se deteriora aún más.
 
Imaginemos otro caso de triangulación fuera del ámbito familiar, donde un empleado tiene un conflicto con su jefe por la carga de trabajo o las expectativas y en lugar de confrontar directamente al jefe, el empleado empieza a quejarse con otro colega o incluso con un supervisor diferente. Aquí, el tercer colega se convierte en parte del triángulo. Esta maniobra puede ayudar al empleado a desahogarse, pero a la larga, puede generar chismes, malentendidos y un ambiente de trabajo tóxico.

Desconectar triángulos implica restaurar las relaciones a su forma más directa y resolver los problemas en el núcleo del conflicto, en lugar de desplazar la tensión hacia terceros. Esto requiere tomar conciencia de la dinámica en juego, voluntad de enfrentar los problemas centrales y aprender habilidades de comunicación. 
 
2.   Pulir la diferenciación de un mismo
 

La diferenciación tiene que ver con el impulso vital que nos lleva a actuar como seres autónomos, con metas, intereses y propósitos propios.
 
Existen distintos grados.
 
Cuando una persona está muy diferenciada, su forma de sentir, pensar y actuar se asemeja poco a la de su familia de origen. Por el contrario, cuando está poco diferenciada sus creencias y comportamientos son muy similares.
 
Cuando un miembro de la pareja se absorbe tanto en la cultura familiar del otro, pierde diferenciación. Igualmente, si es absorbido por la cultura familiar propia.
 
En el contexto empresarial, una persona con mayor diferenciación individual debe ser capaz de establecer límites saludables entre sus relaciones familiares y su rol laboral. Debe tomar decisiones de forma independiente y ser capaz de decir "no" a la presión familiar cuando crea necesario.
 
3.   Amansar los conflictos
 

En las empresas, como en las familias, el conflicto es inevitable, lo contrario sería la indiferencia, lo cual podría ser aún peor. 
 
Los conflictos son importantes en función de la intensidad y la medida en que afectan a la toma de decisiones. 
 
En la familia empresaria las disfunciones comprenden tres patrones básicos: 
 
✔ Conflicto marital. Cuando la tensión familiar se reorienta hacia la relación de pareja, haciéndola conflictiva.
 
Si los fundadores de la empresa son una pareja casada y están pasando por una crisis grave, las reuniones de dirección podrían volverse poco productivas. Las diferencias personales podrían llegar a enfrentamientos abiertos, debilitando la autoridad de ambos y el liderazgo ante los empleados.
 
✔ Disfunción de un cónyuge. Cuando uno de los cónyuges se somete al otro para aliviar la tensión, pero al mismo tiempo incrementa su ansiedad y su resentimiento al perder diferenciación.
 
Cuando el resentimiento crece, se refleja en una falta de implicación o actitudes hostiles que afectan al funcionamiento del equipo.
 
✔ Focalización en un hijo. Cuando la ansiedad se vuelca hacia uno de los hijos (sobreprotegiéndolo o culpabilizándolo), que es quien terminan interiorizando las tensiones.
 
Si un padre ve a uno de sus hijos como el “salvador” de la empresa (suele ocurrir con el primogénito varón con el mismo nombre que el padre) y pone toda la carga de la continuidad del negocio en sus hombros, el hijo puede sentirse abrumado o rechazar el puesto por no ser su decisión. 

Amansar los conflictos se refiere a la capacidad para abordar las tensiones inevitables que surgen en las relaciones empresariales y familiares de manera que se reduzca su intensidad y sus efectos negativos. Esto implica aprender modelos de comunicación efectiva donde transformar los conflictos, en lugar de permitir que degeneren en dinámicas disfuncionales que afecten a la toma de decisiones y la convivencia. 

4.   Cortar por lo sano
 

El corte emocional se refiere a cuando la solución de los conflictos pasa por la ruptura con la unidad familiar. Cuando los encuentros familiares son dolorosos, las reuniones son menos frecuentes y en algunos casos tienden a desaparecer. 
 
Existen distintos grados. Desde el corte emocional completo hasta reducir los contactos a lo justo.
 
Lo cierto es que la familia, si no la cohesiona el amor, se convierte en una institución neurótica, que genera rechazo y violencia. En ese caso, es mejor disolver la relación y a partir de ahí, construir nuevos canales para la afectividad.
 
En las relaciones personales, nos aferramos a lo conocido, incluso si nos hace infelices, porque lo conocido da la sensación de seguridad. Cambiar significa soltar, y eso puede asustar o doler. Sin embargo, este soltar es necesario para que algo nuevo tenga espacio en nuestra vida. 
 
Ignorar los aspectos emocionales de la trama familiar puede dar la ilusión de eficiencia a corto plazo, pero solo un enfoque que combine lo técnico con lo emocional garantiza la sostenibilidad y la armonía en las empresas familiares a largo plazo. 

viernes, 11 de octubre de 2024

¿Por qué es tan difícil un liderazgo flexible?


El modelo Cynefin


Ante un estado de confusión ⬛️, uno de los retos del liderazgo es saber cuando intervenir y cuándo dejar de hacerlo para que el equipo busque soluciones por su cuenta.

El modelo CYNEFIN, creado por Dave Snowden, identifica cuatro contextos que demandan estilos de liderazgo y metodologías bien distintas:

🟦 Liderazgo directivo cuando las relaciones causa-efecto son CLARAS.

🟩 Liderazgo experto cuando esas relaciones se COMPLICAN y ya no son tan evidentes.

🟧 Liderazgo facilitador cuando el problema es COMPLEJO y solo se entiende buscando patrones en el pasado.

🟥 Liderazgo autoritario cuando la urgencia requiere una respuesta rápida y contundente para contener el CAOS. 

En lugar de aplicar un enfoque único para cualquier problema, este modelo propone un liderazgo flexible que permita adaptarse a las necesidades del contexto, seleccionando el estilo y la metodología más adecuada.

¿Y por qué es tan difícil hacerlo ?


1. Porque no sabemos dónde estamos y no queremos saberlo. La ignorancia puede actuar como un refugio emocional para evitarnos el dolor, el estrés o la incomodidad de decidir. Al menos por ahora.

2. Presión por resultados inmediatos. Cuando tomamos decisiones de manera impulsiva o sin tiempo para evaluar las consecuencias, aumentamos la probabilidad de cometer errores. A menos que estemos apagando un fuego.

3. Falta de conciencia y adaptabilidad. Si no somos conscientes de un problema, no sentimos la necesidad de clasificarlo en un contexto y actuar. El "darse cuenta" es disruptivo por naturaleza, porque supone un cambio en la forma de entender y hacer las cosas. 

4. Confundir lo complicado con lo complejo. Lo primero requiere la participación de expertos, lo segundo no tiene una solución fija y requiere iterar y adaptarse.

5. Cultura organizacional rígida. En empresas jerárquicas donde se premian los resultados rápidos, un estilo colaborativo o experimental puede ser visto como una perdida de tiempo, aunque sea el más adecuado para problemas complejos.

6. Incapacidad para gestionar el caos, simplificando excesivamente las cosas. Pasar del caos al orden proporciona una sensación inmediata de control y estabilidad, pero también supone muchos desafíos y problemas ⚠️ cuando no sabemos soltar en su momento y dejar hacer al equipo. En este sentido, las organizaciones deben evitar tras el caos, que el liderazgo autoritario tan útil en ese contexto, se perpetúe y mate para siempre la innovación.

¿Se te ocurre alguno más?

lunes, 10 de junio de 2024

Conversaciones que maduran equipos


Conversaciones de equipo

No digo que no tenga su gracia o sea necesario cuando un equipo está verde de confianza. 

Pero si queremos organizaciones saludables, que nos enriquezcan y nos hagan madurar como personas, tendremos que dar un paso más.

Y en lugar de llevar a los empleados a una barbacoa comunitaria o pasar el día entre juegos y desafíos en la montaña o en el mar. Hacer lo que esté en nuestras manos para cultivar un terreno común de entendimientos. Un espacio fértil de diálogo donde se pueda cuestionar de modo seguro la forma en que se trabaja.

Tarea necesaria para la mejora continua, el cambio y la innovación.

Porque cuando se conciben las buenas relaciones y el buen rollo en la empresa como un fin en sí mismo, nos puede llevar a tremendas confusiones. 

Y se empieza a instalar entre nosotros una careta social que la gente aprende a gestionar rápidamente.

Todos participan con entusiasmo porque saben que no hacerlo está mal visto, pero pocos reconocen su efectividad o sus consecuencias en el lugar de trabajo.

Si queremos equipos maduros, tendrán que madurar también sus conversaciones.

martes, 1 de febrero de 2022

Seguridad Psicológica: ¿un factor necesario en los equipos?

Seguridad Psicológica
Como cultivar la Seguridad Psicológica en la jerarquía de necesidades de Maslow


Amy Edmondson practica la meditación desde hace tiempo.

Dice que ese hábito saludable le ayuda inmensamente en su ejercicio de liderazgo a estar presente mientras trabaja y con los pies en la tierra; y con esa actitud, se dedica a investigar en Harvard la influencia de la seguridad psicológica en el aprendizaje de los equipos y las organizaciones. 

La seguridad psicológica es la idea que mantiene una persona sobre lo amenazante o gratificante que es asumir riesgos interpersonales en el trabajo, como admitir un error, hacer preguntas o plantear ideas atrevidas, y se relaciona positivamente con la innovación y el aprendizaje. 

Es un factor cultural clave en las organizaciones ágiles, al permitir que aparezcan conversaciones francas y rigurosas sobre prioridades estratégicas aún por definir. 

Así lo confirmó Google, cuando en su investigación sobre las características de los equipos efectivos,
conocida como Proyecto Aristóteles, descubrió que la seguridad psicológica no era tan solo un factor más, sino el más importante. Por encima incluso, de los perfiles de las personas que forman los equipos. 

Según A. Edmondson, cuando no hay seguridad psicológica, nadie quiere parecer:

Sin ella es difícil sacar provecho del debate y la confrontación, porque son pocos los que se atreven a hablar y muchos los que callan por vergüenza o miedo. Y aprender en equipo trata precisamente de lo contrario: de arriesgarse a compartir dudas, de estar dispuesto a decir la verdad y reconocer que esa verdad podría no coincidir con la verdad que defienden los demás.  

Es un clima caracterizado por la franqueza, lo cual no significa que sea un ambiente confortable. Pero claro, la motivación principal de un equipo no es trabajar para ser felices, sino estar juntos para resolver problemas que importan y para hacerlo, afrontar conversaciones difíciles es inevitable. 

Además ¿de qué sirve atraer y retener talento si nadie puede decir lo que piensa?

La seguridad psicológica es la creencia compartida de que no seremos castigados, humillados o rechazados al exponer nuestras opiniones al grupo, por equivocadas o ridículas que sean. Nuestra autoestima estará a salvo, de ahí que las habilidades comunicativas y nuestros diálogos internos jueguen un papel determinante en su construcción, pues según digamos las cosas y como aceptemos las críticas, nos lo tomaremos mejor o peor. 

No todas las ideas serán buenas, algunas pueden parecer estúpidas o que les falta un "hervor", pero hablar sobre estas cosas es parte esencial del proceso creativo que nos ayuda a encontrar sentido en lo que hacemos. 

¿Es necesario cultivar la seguridad psicológica?

No. La seguridad psicológica NO es un factor necesario para que el trabajo salga adelante. 

No es algo imprescindible para que un entorno laboral se califique como adecuado. 

Tener un empleo que cubra las necesidades fisiológicas y de (cierta) seguridad puede ser suficiente para que las cosas funcionen. De hecho, es lo que utilizan como reclamo muchas organizaciones en sus procesos de reclutamiento y selección, o lo que terminan haciendo algunas otras por descuidos en sus procesos de alineamiento.

Estos dos factores no crean una ventaja competitiva para la organización. Simplemente satisfacen necesidades básicas que liberan a las personas de preocupaciones terrenales para que se centren en hacer un buen trabajo. Tal y como les dicen que lo hagan.

Por el contrario, cultivar la seguridad psicológica SÍ que es un ventaja competitiva porque posibilita una organización más comprometida, más ágil y capaz de transformación. 

Como responsable de equipo: tú eliges. 

viernes, 22 de enero de 2021

Cómo coser una organización herida

Las emociones no pensadas alimentan el circuito de la subjetividad


1º Enhebrar mensajes completos


Otra de mis preocupaciones cuando se expone en grupo un asunto delicado, es que los participantes aprendan a enhebrar mensajes completos sin entrar en el circuito de la subjetividad y se expresen con frases claras y sin rodeos, del modo más sincero posible. 
Cómo enhebrar un mensaje completo

Para tal fin, les anoto en una hoja de rotafolio la secuencia de categorías necesarias para emitir un mensaje con esas características.
 
La coloco a la vista de todos, frente a quien expone, para que así podamos recurrir a ella en cualquier momento de la exposición.

Cada categoría requiere un vocabulario diferente y para algunos es más fácil expresarse con unas que con otras. 

Paso a explicarlas brevemente: 

1º Observaciones.

Es el lenguaje descriptivo del técnico, el científico o el investigador cuando redacta un informe. No hay suposiciones, deducciones o conclusiones subjetivas. Se describen únicamente los hechos y se aporta información a partir de lo experimentado por los sentidos.

Los datos, los hechos y las sensaciones que experimentamos son la fuente principal de nuestro conocimiento acerca del mundo exterior y de nuestro propio cuerpo. Sin ellos el pensamiento no sería posible. 

2º Pensamientos.

Pensar es concluir, sintetizar, deducir, juzgar, opinar... 

Las creencias y los valores son un tipo de pensamiento que aparece al relacionar los hechos con nuestra experiencia y encajarlos en ella. Pensar significa aplicar nuestros modelos mentales limitantes para interpretar la realidad y juzgarla. 

Con los ladrillos del pensamiento se pueden construir sólidos prejuicios que defender a capa y espada, pero también elegantes argumentos cargados de lógica y belleza.

Lo cierto es que al compartir lo que pensamos creamos la base del consenso. 

3º Sentimientos.

Es la parte más difícil de comunicar y la más importante. 

Nuestro "equilibrio emocional" es un sentimiento que depende, en gran medida, del encaje entre nuestras razones y nuestras emociones. 


Las emociones no pensadas son origen de sentimientos confusos


Los sentimientos aportan un balance continuo sobre nosotros mismos y el exterior imprescindible para averiguar que es importante para nosotros en ese momento, identificar cuales con nuestros deseos y advertirnos si vamos en la dirección correcta, si debemos claudicar o persistir en nuestros proyectos.

Los sentimientos son tan privados como los pensamientos y al compartirlos, creamos la base de la confianza. 

4º Necesidades.

Solo tú sabes lo que quieres, nadie más. Si no pides lo que necesitas, puede que no te lo den. Y si lo pides, puede que te lo nieguen. Un riesgo inevitable que debemos asumir a la hora de hacer peticiones. 

*********

Un mensaje donde falte alguna de esas categorías, se mezclen o confundan, lo percibimos como confuso y subjetivo. Las personas sospechamos cuando los juicios que escuchamos no tienen observaciones que los mantengan y nos sentimos incómodos cuando las peticiones nacen de sentimientos y suposiciones no expresadas. 

Sin embargo, un mensaje completo no deja nada fuera. Es claro y preciso, digno de creer porque incluye los cuatro tipos de expresión: 

Veo que...          y me hace pensar que...     Eso me hace sentir...      y me gustaría que... 
Lo que ves                  piensas                            sientes                            necesitas

Informar con detalle lo que observamos, afirmar claramente cuales son nuestras deducciones, decir como nos hace sentir todo esto y si necesitamos algo o si vemos la posibilidad de cambiar, haciendo peticiones o sugerencias sinceras, es el mejor modo de evitar conflictos y de hilar relaciones productivas sanas y duraderas. 

No se puede ir por la vida dando mensajes completos a todo el mundo, pero sin ellos, la intimidad es imposible. Nuestras relaciones cambian, se adaptan y crecen cuando podemos expresar claramente lo que necesitamos sin culpar ni responsabilizar a nadie.





2º Expresarse con claridad puntada a puntada


La mayor parte de los conflictos en un equipo tienen su causa en una comunicación ineficiente.

Los malos rollos y las necesidades no cubiertas tienden a manifestarse de manera inadecuada si los encubrimos o silenciamos. En estos casos, tendemos a buscar consuelo en nuestras relaciones interpersonales y más que relacionarnos auténticamente, utilizamos al otro para una función egoísta, lo manipulamos.

Digamos que contenerse o no ser claro en las peticiones perjudica seriamente el compromiso en los equipos.

Sin embargo, cuando está permitido expresar lo que nos enfada o nos preocupa mediante mensajes completos, pasan dos cosas: aumenta la empatía y la compresión en el equipo, y damos a conocer nuestras necesidades, ofreciendo la posibilidad a los demás para satisfacerlas.  

jueves, 2 de abril de 2020

Liderazgo Adaptativo para tiempos difíciles. Y estos lo son.

El triunfo de la Muerte de Brueghel El Viejo
Para pensar en la propia, pincha aquí

Igual te parece comercialmente nefasto, pero cuando participo en un proyecto de consultoría, no rindo pleitesía a mis clientes.

No lo hago por orgullo, ni por mostrar una superioridad moral o intelectual que no tengo, sino porque hacer bien mi trabajo consiste precisamente en eso: en hacerles pensar, reflexionar sobre cuestiones dolorosas que a pesar de la evidencia quieren evitar. 

Procuro hacerlo con delicadeza, con tacto y al ritmo de aceptación de cada uno. Aunque no siempre lo consigo con la gracia y el arte que deseo.

La verdad es que tengo la sensación de ser un personaje incómodo, un Pepito Grillo inoportuno que le da por escarbar donde otros pasan de largo. Alguien que en lugar de ofrecer remedios balsámicos o consejos más que manidos, desplaza la responsabilidad de la solución en quien la busca y esto supone siempre un gran esfuerzo de aprendizaje, tanto para el cliente como para la organización.

Escuchar lo que se rechaza, mirar de frente lo que se quiere ocultar, es germen de resistencias, de poner en marcha la maquinaria lógica para justificar lo injustificable. 

Sin embargo, tengo la certeza, que cualquier solución que no englobe un esfuerzo por aprender de una amplia mayoría de personas con esa actitud valiente, de escucha y respeto, que no genere un gran consenso, nunca puede ser una buena solución. 

Mucho más en situaciones complejas, difíciles de definir y sin respuestas fáciles como la que estamos viviendo.

¿Por qué cuento todo esto?


Estamos ante la peor crisis sanitaria, económica y social de nuestra generación. Lo que nos está ocurriendo es lo más difícil de entender y gestionar que hemos visto hasta ahora.

El tamaño de los desafíos que nos esperan es mayúsculo.

No existen experiencias o soluciones técnicas conocidas que puedan aplicarse urgentemente sin cometer errores de bulto. Ni cabeza pensante que pueda contener la infinidad de datos y variables necesarias para dar una respuesta única, con garantía de éxito, a este problema global tan complicado.

Un problema cuyas dimensiones rebasan la capacidad de una persona, de un equipo o de una única organización para decidir qué hacer y cómo actuar. Un problema sin soluciones mágicas que nos atañe a cada uno de nosotros articular y resolver en la parte que nos corresponde. 

Liderar es hacer pensar, poner a trabajar a un grupo mientras lo sostienes emocionalmente 


En este contexto calamitoso, me parece conveniente hacer una síntesis constructiva del modelo de Liderazgo Adaptativo de R. Heifetz que, a pesar de obviar muchos matices, pueda resultar útil para entender cómo gestionar situaciones complejas desde una posición de autoridad.

Para R. Heifetz no existe liderazgo sin autoridad. 

Este poder excepcional que se otorga a una persona para organizar y dirigir un grupo, forma parte de un intercambio social tácito que se pierde cuando el líder deja de prestar tres servicios fundamentales:
1. Indicar la dirección y los valores que sustentarán el cambio.

2. Dar protección frente a las amenazas externas o los enemigos.

3. Crear orden: 
  • Orientando los roles acerca de su estatus y su posición. 
  • Controlando el conflicto  
  • Manteniendo las normas
    Los tres servicios fundamentales del liderazgo
Ante una crisis global como esta, no hay manual de primeros auxilios ni recetario de aplicación universal que podamos consultar.

En estos casos extremos, cuando los problemas a los que nos enfrentamos tienen una trascendencia enorme, las personas tendemos a buscar el tipo de liderazgo equivocado. Pedimos alguien que nos preste los tres servicios fundamentales con decisión, fuerza y una visión de futuro alentadora. Que conozca sin titubeos el camino que debemos seguir y convierta en simples los problemas difíciles: buscamos un "salvador".

Sin embargo, lo que un líder con autoridad debería hacer en estos casos no es ganar influencia en base a las expectativas de quienes lo siguen, como hacen dictadores o populistas, sino involucrarlos activamente en la toma de decisiones. Crear las condiciones para que aprendan a adaptarse a los cambios que vienen, mientras los sostiene emocionalmente ante las dudas y la incertidumbre.

La persona vuelve a estar en el centro


Con este fin, cuanto más clara sea la definición del problema, más fácil será encontrarle una solución técnica poco discutible: casi todos estarán de acuerdo en qué hacer y cómo llevarla a la práctica.

Cuanto más vaga o ambigua sea, rebasará los limites de la comprensión individual y será necesaria la figura de alguien que nos ponga en contacto con nuestros recursos personales para definirla, acotarla y emprender la dura tarea de instrumentar soluciones conjuntas a un ritmo que podamos soportar.

Estamos ante un tipo de liderazgo que no deja al margen a la persona, sino que la pone en el centro, la moviliza directamente. Un proceso educativo de emancipación dirigido para que el grupo afronte una realidad incierta y desarrolle nuevas capacidades que le permitan asegurar su progreso y bienestar. Le haga madurar.

El Liderazgo Adaptativo moviliza a las personas

Ir contracorriente es arriesgado pero necesario


Ejercer el liderazgo desde una posición de autoridad en situaciones difíciles significa, según este modelo, ir contracorriente.

En lugar de satisfacer la expectativa de actuar como "salvador" dando respuestas a todo, el líder plantea preguntas; en lugar de proteger de la amenaza, el líder permite al grupo sentir la amenaza para que aprenda de ella; en lugar de mantener los roles que  se desempeñan en el grupo, los desorienta para que aparezcan nuevos roles más convenientes; en lugar de sofocar el conflicto, lo estimula; en lugar de mantener las normas, las desafía.

Liderar con esas intenciones es situarse en el filo de la navaja. Al límite  de perder la autoridad que nos otorgan por prestar los tres servicios fundamentales, porque precisamente pretende lo contrario. 

Supone desprenderse de las cualidades idealizadas con las que nos quieren dotar y en lugar de mirar hacia arriba, se pongan en contacto con sus recursos personales y comunitarios.

Aferrarse a creencias desfasadas, poco contrastadas o falsas, culpar a la autoridad, buscar chivos expiatorios o negar el problemas, son distintas maneras para reducir la ansiedad y evitar el reto adaptativo que nos supone asumir la responsabilidad que nos corresponde en la solución de problemas con un alto grado de incertidumbre. 

Heridas, cicatrices y sacrificios del liderazgo 


Los líderes siempre están fallando a alguien. Porque liderar en el filo de la navaja supone asumir los sufrimientos y aspiraciones de un grupo o una comunidad y frustrar las expectativas de otros.

A nivel político, es saludable una actitud critica hacia el tipo de liderazgo que se ejerce en un estado de alarma, es una señal de madurez democrática. Cualquier persona cuerda es competente para juzgar a sus líderes con argumentos lógicos y fuentes contrastadas, aun cuando estos tomen decisiones de enorme complejidad. Lo contrario sería preocupante. Pero en una democracia representativa, como la nuestra, hemos de saber que quienes ejercen el liderazgo están ahí, porque no estamos nosotros. Si las cosa no van como queremos, esto debería preocuparnos más a nosotros que a ellos.

En épocas de malestar y desconcierto, las personas tenemos actitudes ambiguas respecto a lo que ha de cambiar o continuar igual. Queremos que el cambio se produzca con un mínimo de perdidas y dolor y buscamos protección en la autoridad. Sin embargo, el liderazgo adaptativo nos devuelve parte del trabajo y exige que sea la propia gente la que descubra, invente y asuma su parte de responsabilidad en el cambio.

Liderar se convierte en estas situaciones en un tipo especial de educación. En un reto pedagógico donde el maestro plantea problemas, genera interrogantes, abre puertas, opciones, interpretaciones y perspectivas nuevas, a menudo sin respuesta, calibrando constantemente las oportunidades de acelerar o mantener el ritmo de los cambios sin dejar a las personas abandonadas a su suerte.

Si se les sobrecarga de responsabilidad, evitarán el aprendizaje. Si se las descarga en exceso, se volverán demasiado dependientes o complacientes.

Sócrates ilustra esta clase de enseñanza. Con su actitud irreverente ante la certidumbre, en un mundo que la anhelaba, desafió a las personas a vivir con dudas. Educaba interrogando. No presumía de tener las respuestas correctas ni de ser dueño absoluto de la verdad. Pero tampoco daba por sentado los argumentos de los llamados expertos sin cuestionarlos.

En el 399 a.C. un jurado ateniense le condenó a muerte y Sócrates lo aceptó serenamente.