miércoles, 13 de diciembre de 2017

Cuatro prácticas clave para transformar las organizaciones

Meditar, exponer, colaborar y alinear

La idea en estos encuentros es aumentar la agilidad de las organizaciones hacia el cambio, hacerlas más flexibles y eficientes, sin menospreciar para nada a las personas.

Facilitar que los intereses particulares emerjan de la reflexión estratégica y se puedan tejer redes productivas de confianza más allá de la sala.

Con este objetivo, hay quienes proponen, con buena intención, eliminar jerarquías y empezar a decidir todo democráticamente y por consenso y esto no siempre es bueno: la toma de decisiones se ralentiza y las soluciones urgentes casi siempre llegan tarde. Los consensos diluyen responsabilidades, anulan la iniciativa hasta lograr el aburrimiento y en muchos casos, nadie rinde cuentas ni se hace cargo de la decisión final.

No es cuestión de conocer determinados métodos de decisión sino de actitudes. No es tanto saber qué hacer sino cómo hacerlo y porqué.

El origen ágil 

El movimiento ágil surge en el mundo del software como reacción a la excesiva planificación y rigidez de las metodologías utilizadas hasta entonces para desarrollar proyectos. Su objetivo es acortar los tiempos de entrega y aumentar la satisfacción del cliente en base a unos criterios de calidad.

Si bien contamos con muchos enfoques para tomar decisiones ágiles con esa misión, en su ejecución no siempre se valora a las personas por encima de las herramientas y procesos que se proponen. Y esto puede convertirse en un problema, porque por muy bien que conozcamos la técnica, es imposible obtener resultados excelentes con personas y prácticas mediocres.

La filosofía ágil parte de actitudes que están impregnando poco a poco el trabajo de equipos y organizaciones de cualquier sector. En ella se enfatiza la interacción entre personas y la comunicación cara a cara por encima de la engorrosa documentación; y en este arte, valores como la auto-organización, la responsabilidad o la autonomía de respuesta no son nada sin la urdimbre de la confianza.

En este sentido, favorecer una cultura ágil supone valerse de experiencias grupales transformadoras donde atenuar las actitudes defensivas que nos impiden avanzar y potenciar las relaciones honestas sobre los juegos de poder.

Crear espacios seguros alejados del ruido y la agitación del lugar de trabajo donde calmar nuestras inercias mentales, descubrir nuestros talentos y hacernos responsables de nuestros deseos para actuar: meditarexponercolaborar y alinear, son solo un ejemplo.


Ubicación de las prácticas dentro del modelo estratégico atencional
Porque...
  1. Meditar clarifica la mente y nos ayuda a discernir.
  2. Exponer reduce la disonancia cognitiva y nos compromete.
  3. Colaborar es el principio creador de las organizaciones sanas.
  4. Alinear aporta sentimiento de comunidad y nos mantiene firmes en un propósito.

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