viernes, 9 de marzo de 2018

Exponer no es hablar por hablar ni meterse en berenjenales


Exponer como práctica de análisis dentro del modelo atencional

Si facilito un taller sobre liderazgo, gestión de equipos o enfocado hacia el cambio organizativo suelo utilizar el modelo atencional como referencia.

En él, cada cuadrante representa el lugar desde donde se origina nuestra atención y por eso me gusta incluir ejercicios propios de cada uno para obtener un mapa lo más completo posible de la realidad que vamos a trabajar en el programa.

Cuando propongo exponer, utilizo la práctica al principio, después de unos minutos de silencio en grupo, para activar la espontaneidad en las personas y movilizar sus recursos hacia la colaboración. El ejercicio sirve a la vez de calentamiento para aligerar tensiones como para descubrirlas y me ayuda a decidir qué dinámicas puedo utilizar para crear mayor confianza y cohesión entre los participantes.

Como no todos tienen la soltura y la habilidad para expresar abiertamente contenidos internos y para algunos es la primera vez que lo hacen, escuchar respetuosamente es, en estos casos, la acción más poderosa que puede realizar un grupo para experimentar el valor práctico de la pertenencia.

Exponer no es hablar por hablar sino saber explicar ordenadamente algo y en las organizaciones hacerlo bien aporta un valor considerable. Compartir información (datos, opiniones o sentimientos) en público y recibir un feedback inmediato mejora la compresión de las cosas, aclara la posición de uno mismo ante los demás y agiliza el rechazo o la adhesión a los proyectos: hace avanzar la estrategia.

Porque los planes no son nada si las personas no están motivadas para cumplirlos. La gente solo se moviliza con energía común cuando dirigen su atención a lo que les resulta significativo y se dan cuenta que comparten con otros sus necesidades más profundas.  

Una organización sin conversaciones de calidad ni proyectos atractivos donde comprometerse, convierte las tareas en rutina, en mero trámite. Ir a trabajar en sufrido aburrimiento. Si nuestro deseo es crear un futuro alternativo, este habrá de pasar necesariamente a través de nuestro lenguaje.
Exponer lubrica los engranajes del cambio.

Tanto es así, que si queremos un cambio cultural por pequeño que sea, la iniciativa más comprometida del liderazgo será crear las condiciones para que las personas puedan expresar con seguridad lo que piensan, sienten o desean sin temor a meterse en un berenjenal por ello.

En lugar de remar contracorriente y seducirlas para que se sientan bien haciendo lo que realmente no quieren hacer, es más sencillo facilitar que las personas se enrolen por si mismas en los proyectos al experimentar su libertad y su compromiso.

Escenificar una situación facilita comprenderla mejor.
Normalmente suelen ser presentaciones breves sobre algo que se ha trabajado previamente de forma individual o en pequeños grupos y que sirven de palanca para profundizar en aquellos temas que merecen la pena.

Porque cuando el objetivo es cambiar la cultura, la tarea es cambiar el contenido de las conversaciones, es decir, alimentar diálogos que antes no han tenido lugar y que tienen el poder de crear algo nuevo.

Exponer se puede utilizar, por ejemplo, para:
  • Describir de forma más completa la realidad que compartimos en distintos niveles del sistema. Esto se puede hacer a partir de polaridades o escenificando una situación que necesita ser comprendida mejor. 
  • Analizar visualmente un reto organizativo utilizando gráficos o esquemas.
  • Resolver conflictos en base a expectativas.
  • Expresar nuestros valores a partir de insignias, lemas o dibujos.

Tres ejemplos de polaridades para trabajar individualmente y exponer en grupo que dan para mucho.