lunes, 1 de noviembre de 2010

Mi identidad como Facilitador DO: el wu-wei y el tzu-jan.

Releyendo lo escrito hasta ahora me doy cuenta que la palabra formación aparece poco en este blog y menos en mi página web. Es un término del que huyo por miedo a crear una expectativa en la relación alumno-formador que no me acaba de convencer.

Cuando preguntan a qué me dedico, puedo elegir entre varias respuestas en función del grado de interés que percibo:

  • ¡Soy profesor! Aquí la cosa esta clara. Doy clases y todo el mundo se imagina lo que hago. Cualquiera puede rescatar del baúl de los recuerdos imágenes de su paso por la escuela o la universidad para saber que hace un profesor y cómo lo hace.

  • ¡Soy Psicólogo! Aquí ya empiezan a aparecer ciertas dudas sobre mi dedicación y algunos se ponen en guardia defendiéndose de mis poderes para adivinar el pensamiento e interpretar el comportamiento no verbal, otros se cuestionan mi salud mental y los más atrevidos empiezan a bombardearme con preguntas o pedirme 'consejos' para lidiar con sus hijos y transformarlos en prolongación de sus deseos. Como dejé de pertenecer al colegio de psicólogos hace algún tiempo, ahora me presento como Licenciado en Psicología y parece que éste título aséptico detiene un poco el ansia de buscar la salvación en el cura laico.

  • ¡Soy Consultor de Recursos Humanos! A pesar de no gustarme nada este calificativo hay situaciones donde es suficiente mencionarlo para calmar la curiosidad y lograr que se formen una idea normalizada sobre cual es mi trabajo. En este caso,  me preguntan si hago selección de personal y que tienen un familiar o un amigo que está buscando trabajo. Otros me cuentan la vieja historieta del cliente que le pregunta la hora al consultor y este le pide su reloj para responderle o me comentan el tópico: 'los que pueden hacer algo lo hacen y los que no lo enseñan (o se hacen consultores)'. Cuando empiezan a utilizar el chiste fácil, saco el recurso de mi especialización en 'coaching' y desvío la atención hacia un término de moda que da mucho para hablar.

  •  ¡Soy Facilitador en Desarrollo Organizacional! Aquí ya la hemos liado. Me toca explicar con detalle cada una de las palabras y contemplar alguna que otra vez la cara de asombro de mis interlocutores.

Para no recurrir a una definición convencional, diré que un facilitador es para mi alguien que procura crear las condiciones para que 'ocurra lo que ha de ocurrir, si se deja que ocurra'. Es decir, si queremos mejorar las competencias directivas, por
Río Borosa (Jaén)
ejemplo, está bien actuar como profesor y mostrar alguna teoría oportuna o caso práctico que ayude a comprender mejor ese aspecto.

También se puede actuar como psicólogo e indagar grupalmente las motivaciones personales utilizando técnicas de introspección que lleven a la catarsis colectiva.  O mostrar la faceta de consultor de RRHH y actuar como 'coach' guiando el desarrollo profesional por medio del método socrático.

Sin embargo, actuar como facilitador me da libertad para ser todo a la vez y nada en particular: puedo utilizar un esquema o un dibujo para aclara algún concepto, puedo fomentar el autodescubrimiento si encuentro la necesidad de ello o contribuir, mediante la indagación, a fijar objetivos para trazar trayectorias profesionales congruentes con la vocación,... pero también puedo olvidarme de todo y 'dejar de empujar el río porque fluye solo'.

Hay dos conceptos chinos que provienen del Taoísmo y me encajan a la perfección para explicarlo mejor: wu-wei y tzu-jan.

El wu-wei significa 'hacer-nada' y tzu-jan quiere decir 'conocer nada'. El wu-wei implica comportarse con la máxima naturalidad y transparencia, siguiendo la línea de menor resistencia y esperar el momento oportuno para actuar. El tzu-jan se refiere a la espontaneidad y supone dejar la mente en blanco y vaciarla de prejuicios.

Sin ser un maestro en esta filosofía, es mi intención mejorar en esta actitud por los resultados que obtengo.

Mostrándome paciente e imparcial creo igualar mi autoridad con el grupo. Mi esperanza es que surja la espontaneidad y que no se adopten actitudes defensivas para conseguir una participación abierta sin necesidad de provocar o forzar las intervenciones.  Una vez aparecen las conversaciones diana, aquellas que justifican el motivo de la reunión, desaparezco del foco de atención, dejando que fluyan los diálogos y encuentren su propio cauce. Se trata de abrir un espacio donde compartir experiencias, aportar información y crear conjuntamente comprensiones nuevas.

La tendencia para actuar como facilitador me llega del convencimiento de que los grupos poseen, si se cumplen ciertas condiciones, los suficientes recursos para tomar decisiones adecuadas y comprometerse en su propio desarrollo, que someterse a un horario estricto y al cumplimiento de un programa no siempre es beneficioso, que examinar a los participantes y evaluar a los formadores no tiene nada que ver con aprender más, que el espacio físico favorece o entorpece la aparición de algunos fenómenos relacionados con el aprendizaje y que, siendo un poco Taoístas, muchas veces conseguimos más haciendo menos.