sábado, 15 de agosto de 2015

Directivos satisfechos y en paz, desde niños

"Si a un niño se le "quiebra el espíritu" a fin de amoldarlo al sistema, castigando sus sentimientos naturales de amor, a partir de entonces los suprimirá. 

Su espíritu quedará aplastado por la vergüenza sufrida y cuando sea adulto, manifestará sentimientos de culpa y de inseguridad neurótica. 

Tendrá miedo a la vida y procurará ponerla bajo control. 

En vez de aprender a "ser", lo obsesionará el "hacer", el desempeño que silencie sus temores. Atrapado en una cultura en la que el poder y el progreso son los valores predominantes, no encontrará satisfacción ni paz."

Lo dijo Alexander Lowen.