sábado, 30 de abril de 2011

Si amas lo que haces, no tendrás que trabajar.

Hace algún tiempo, ojeando libros y ventilando páginas en busca de algo interesante, leí esta singular frase que desde entonces se repite en mi conciencia a modo de Koan: 'Si amas lo que haces, no tendrás que trabajar'.

Para mí, el atractivo de la frase radica en la posibilidad de resolver la aparente paradoja que encierra.  Hacer lo que te gusta, amar aquello que haces y encima ganar dinero sin llamarle trabajo, parece difícil y sin embargo supondría la solución.

Fue Charles Osgood quien dedicó buena parte de su vida a medir el significado de las palabras demostrando que en sí mismas no encierran ninguno. Las palabras son neutras, somos nosotros quienes le otorgamos valor conforme a la carga semántica acumulada desde su origen.

Debido a esto, la etimología de las palabras nos ayuda a entender algunas de las sensaciones que experimentamos al nombrarlas.

En el caso de 'trabajo', el sentimiento de fatalidad que evoca tiene su razón de ser:
  • En la Grecia clásica la palabra para definir trabajo era 'ponos', que significaba pena.
  • En griego moderno es 'ponei', que significa dolor y herida.
  • En latín la palabra 'labor' significa 'esfuerzo extremo que conlleva dolor'.
  • De origen latino es también 'tripalium', raiz de trabajo, que se refiere a un instrumento de tortura utilizado por los legionarios romanos para obligar a los esclavos.
  • La palabra francesa 'travaille' reemplazó a la antigua 'labourer' y denota 'una pesada y fastidiosa tarea'.
  • En alemán medieval 'arbeit' (trabajar) se traduce como 'tribulación, persecución, adversidad o un mal momento'.
  • En inglés la palabra 'job' deriva de la antigua 'gobbe' que significa 'aguantar' y sino que le pregunten al Santo que lleva este nombre. 
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    Parece que la palabra 'trabajar' lleva siglos significando algo negativo e innoble, desde el mismo momento que la mitología judeo-cristinana nos recuerda las consecuencias de la perdida del Paraíso: '...y ganarás el pan con el sudor de tu frente...' (Génesis, 3, 19). [si eres mujer no leas el versículo 3, 16 porque te va a poner de muy mal humor].

    Trabajar se ha asociado siempre a sacrificio, a delegar temporalmente el control a otros a cambio de una retribución económica o alguna otra compensación. El tiempo de trabajo no nos pertenece, nuestro tiempo libre sí. ¿Será debido a que la palabra inglesa 'leisure' (ocio) proviene del latín 'licitus' que significa permitido?.

    Sea como sea, hay una gran diferencia cuando alguien se siente obligado a hacer algo y cuando lo hace por placer, por pura diversión.

    La palabra amateur proviene del latín amare, amar y significa 'hacer algo que uno ama, hacer algo por gusto, sin obligación'. Diversión significa 'apartarse' y proviene del latín 'divertiere', girar en la dirección opuesta', no hacer aquello que nos aburre.

    La capacidad para comprometerse y realizar un trabajo de calidad no se puede conseguir si continuamos actuando en contra de nuestros deseos. Las iniciativas recientes para obtener un  índice de felicidad en la empresa parecen querer medirla en base a los siguientes elementos:

    • Cuánto disfrutan los trabajadores de su trabajo.
    • Si el trabajador siente que su aportación es importante.
    • Si el trabajo es consecuente con las fortalezas del trabajador.
    • Si el trabajador se siente apoyado por sus compañeros.
    • Si el trabajador se siente apoyado por la empresa.
    • Si el trabajador se siente apoyado por sus jefes.
    • Si la empresa fomenta la formación.
    • Si los objetivos de la empresa armonizan con los objetivos personales del trabajador.
    • Si los valores de la empresa armonizan con los valores personales del trabajador.

    Dejo como muestra este vídeo donde se aprecia el desprecio de un empleado acostumbrado a una organización que incumple todos los criterios mencionados, frente a la energía y determinación de una persona apasionada.