martes, 25 de mayo de 2010

El futuro del management

Acabo de leer  'El futuro del management' de Gary Hamel y me ha encantado. Los argumentos que presenta para romper con el pensamiento tradicional me parecen ahora evidentes y el supuesto romanticismo de sus ideas cobra vida cuando utiliza ejemplos de conocidas empresas de éxito.
 
El autor nos habla de lo poco que ha cambiado la practica del management desde Taylor y Weber y que a pesar de las innovaciones en productos y servicios de los últimos años, continuamos dirigiendo en base a creencias de hace más de un siglo. Considera que las herramientas de dirección actuales están caducas, su aplicación puede forzar a los trabajadores a ser obedientes y diligentes pero no pueden lograr que sean creativos y se comprometan.

G. Hamel ve necesario un cambio revolucionario en nuestros modelos mentales de gestión, un gran salto intelectual que situe a los empleados en el centro del proceso creativo que requiere la innovación.

Para poder adaptarnos con agilidad a los cambios, se necesitan directivos audaces que consigan hacer partícipes del proyecto a cada individuo de la empresa. Crear un sentido de finalidad y mover las pasiones humanas solo se consigue desde los imperativos morales de Belleza, Verdad, Amor, Servicio, Justicia, Libertad y Solidaridad. ¿Hasta qué punto, y para beneficio de quién, les pedimos a los trabajadores que se entreguen?, ¿Nos hemos comprometido con una misión que merezca realmente su iniciativa, su imaginación y su pasión?.

Algunas de las ideas que más me han gustado son estas:
  • Fomentar la transparencia y la libre circulación de información para faciliar la toma de decisiones en cualquier rincón de la organización. Cuantas más órdenes y más se entrometa el jefe menos apasionados se muestran los trabajadores con su empleo.
  • Pasar de la jerarquía a la comunidad, es decir, dar más peso a la organización informal que al organigrama. Las capacidades humanas se movilizan más con emociones que con estructuras burocratizadas.
  • Conseguir lo mejor de cada persona no significa controlarles más, y casi siempre significa dirigirles menos. 
Me llena de esperanza saber que muchas empresas de éxito aplican ya estas consignas y me deja perplejo conocer que a mi alrededor, algunas otras, continúan intentando poner 'puertas al campo' repitiendo la conocida frase de Lampedusa en 'El Gatopardo':  'cambiemos todo, para que nada cambie'.