martes, 11 de noviembre de 2014

Del compromiso y las lealtades en los grupos

Madeja de hilo que utilizo para visualizar
la reciprocidad de los lazos sociales
El concepto de lealtad suele aparecer ligado a cuestiones morales, filosóficas o políticas, sobre todo cuando se habla de ella a la hora de aplicar un código de conducta o elaborar un listado de valores corporativos. La verdad es que es un término que admite muchos significados y levanta alguna que otra pasión.

En este caso, al hablar de lealtad me refiero al entramado de expectativas que estructuran los compromisos individuales dentro de un grupo. Es decir, al deseo de cualquier persona a que la traten, como mínimo, igual como él trata a los demás.

Los compromisos de lealtad son como hilos invisibles, pero muy resistentes, que mantienen las relaciones dentro de los equipos y las redes y les dan forma. Si queremos entender como funciona un grupo, lo más importante es saber quienes están unidos por vínculos de lealtad y que significa la lealtad para ellos. Pero esto no es tarea fácil

La justicia de las interacciones humanas no se puede objetivar y es evaluada continuamente por las mentes y los corazones de las personas involucradas. Los abusos físicos y otras actuaciones desproporcionadas de orden material pueden medirse y cuantificarse, pero la explotación personal y el sentimiento de humillación solo es medible en una escala subjetiva, construida según el sentido de existencia de cada persona en particular.

De hecho, a la hora de comprometernos, las personas contabilizamos nuestra percepción de los balances entre lo que damos y recibimos anotando en una cuenta emocional invisible el cumplimiento de esos deseos subjetivos de justicia, con sus debes y haberes.

Cuando el balance es positivo las lealtades se mantienen, cuando es negativo aparece el rencor y tarde o temprano la traición.