martes, 20 de noviembre de 2012

Contener la ansiedad para liberar el aprendizaje.

Fotografía de Colin_K
Confieso que me agrada observar como piensan los niños. Me gusta descubrirles con su mirada puesta en el cielo buscando la respuesta correcta a una pregunta inesperada. Es un momento que me fascina. En ese instante, aparentemente inmóviles, el tiempo parece deternerse. Sin embargo, su mente se encuentra conectando experiencias y conceptos que desvelarán su universo infantil al responder. (Para mayor detalle puedes leerte la teoría del apredizaje por decubrimiento de J. Bruner.)

Si debido a las prisas o a nuestra incapacidad para soportar el mal trago de ver como se equivocan, adelantamos la respuesta,  impediremos que desarrollen sus destrezas para aprender por sí mismos.

Algo similar puede ocurrirnos cuando lideramos un grupo de trabajo.

Imagínate que durante una sesión, lanzas una propuesta de tal calado que nadie se atreve a comentar o bien genera tantas opiniones encontradas que la sala se convierte en un caos propio de una clase de párvulos. En ambos casos, tanto la tensión provocada por el silencio, como el caos originado por la discusión, puede llevar al formador a ofrecer la solución correcta o rellenar con palabras el vacío que le genera tanta angustia.

Para Marvin Weisbord aprender a contener la ansiedad es un recurso que hay que adquirir y aprovechar en el desarrollo como facilitador. Aumentar la tolerancia al desorden, a la ambigüedad, a la tensión y saber esperar. El silencio no durará siempre, el alboroto tampoco. En poco tiempo, alguien empezará a hablar con sentido, aparecerán conversaciones cada vez más hiladas y podrás conducir al grupo hacia nuevas comprensiones.