miércoles, 20 de junio de 2012

Centrarse en la tarea sin pasar por el purgatorio

'El purgatorio' de Gustave Doré
Cuando intervengo en un grupo con la intención de mejorar las competencias para trabajar en equipo o solucionar algún conflicto, puedo hacerlo desde dos enfoques distintos: centrándome en las personas o en la tarea.

Si intervengo directamente sobre las relaciones personales, exteriorizando sentimientos, creencias o valores seguro que algún miembro del grupo mostrará una resistencia pasiva y reaccionará con ansiedad. Aún más, dirigirá parte de su ira hacia mí o hacia la organización por meterle en semejante purgatorio, con tintes de ejercicios espirituales, Dios sabe con que intenciones.

En estos casos y debido a lo aprendido tras algún que otro fracaso, me cuido de obtener previamente el consentimiento y la autorización de todos y cada uno de ellos, con el fín de legitimar mi actuación en este nivel de profundidad.

Este formato lo utilizo, sobre todo, cuando de alinear vocaciones se trata y reconozco que la última vez que lo puse en práctica, algunos participantes cambiaron al poco tiempo de empleo: éxito para ellos, encontraron un lugar mejor donde desarrollar su pasión y éxito para la empresa ¿Quién  quiere retener a unos empleados que no lo están dando todo?.

Si por el contrario, enfoco el trabajo en el intercambio de información y la toma de decisiones en un asunto real que interese al grupo, preocupándome de objetivar las tareas y responsabilidades que mejorarán el desempeño (aquí puedes ver un ejemplo), no desapareceran las quejas ni las muestras de ansiedad, pero aumentará la probabilidad de que trabajen conmigo en lugar de contra mí. Y que el sentido de participación que surja del esfuerzo compartido, les enseñe a afrontar situaciones similares sin mi presencia.

Ambas opciones, centrarse en las personas o en la tarea, ayudan al cliente a experimentar con formas de ceder el control, a encontrar la energía latente en el sistema y liberarla en lugar de luchar contra ella.

Sin embargo, cuando el encargo está predeterminado o las limitaciones del presupuesto me impiden conversar lo necesario con el cliente, puedo recurrir a un tercer enfoque, que no está nada mal: la formación centrada en contenidos, aderezada con algunas dinámicas motivadoras que suelen ser muy agradecidas y por supuesto menos comprometidas...