lunes, 14 de noviembre de 2016

Cómo crear una cultura estratégica ágil a partir de la atención

Escoger las líneas principales de acción, el plan estratégico, la política de empresa o como quieras llamarle, es la tarea más importante de la alta dirección. Sin embargo, en muchos casos se convierte en producto de la imaginación del propietario o de la casualidad de un comité directivo dedicado principalmente a apagar fuegos.

Por regla general, la estrategia es desconocida más allá de la sala donde se creó  y si se conoce, muchas veces no se entiende. Por eso, implementarla se convierte, en la mayoría de los casos, en un tremendo quebradero de cabeza. 

Normal, porque sin una visión común, cada persona  interpretará a su modo como ejecutarla, y solo será posible unificarla si se comparte.

Un ejercicio de transparencia, donde la atención juega un papel determinante.

La atención


Ciclo de satisfacción de las necesidades
La atención es la capacidad para elegir intencionalmente entre la figura y el fondo, en detectar qué es lo importante en cada momento y forma parte del ciclo natural de satisfacción de nuestras necesidades:
  1. Estamos en reposo
  2. Tenemos una sensación: sed, hambre, soledad, confusión...
  3. Tomamos conciencia de una necesidad: agua, comida, cariño, información...
  4. Prestamos atención sobre como satisfacerla
  5. Nos ponemos en marcha 
  6. Satisfacemos la necesidad
  7. Volvemos al estado de reposo
Conforme a este ciclo, si nos movemos es porque hemos tomado conciencia de una necesidad y buscamos cómo satisfacerla.

Sin una necesidad insatisfecha, nuestra atención duerme o mariposea sobre lo superfluo, sobre cualquier cosa que brille o resuene a nuestro alrededor.

En el caso de las organizaciones, sin la necesidad de saber cuál es nuestro papel en ellas, ni hacia donde nos dirigimos, las estrategias serían imposibles de implantar. No tendrían ningún sentido, ni para las personas implicadas en su diseño, ni para quienes tienen la responsabilidad de hacerla avanzar.

Ante estas motivaciones, la buena cultura estratégica estriba en el dominio de una cosa y su contraria, es decir, en la debida alternancia entre prestar atención a las necesidades internas de las personas en el momento presente (¿quién soy? y ¿cuál es mi responsabilidad aquí? ) y su estimulante proyección hacia los retos del futuro (¿hacia dónde vamos? y ¿porqué hacia allí?). 

Por eso, es importante que la atención sea animada y dirigida continuamente desde el liderazgo, para satisfacer estas necesidades durante el continuo proceso de revisión de las líneas maestras de la organización.

Un modelo basado en la atención para una estrategia ágil


Por suerte, la atención puede ser entrenada y dirigida a voluntad, bien hacia dentro del sistema o hacia el exterior y el foco puede ser amplio o estrecho según nuestro deseo.

Ejercitar la atención en equipo es mejor que en solitario y trabajar con toda la organización en un mismo día, más potente que en pequeños grupos a lo largo del tiempo.

Ahora bien, sea cual sea el tipo de reunión, he podido confirmar que cuando a un grupo se le propone una tarea comprometida y compleja para que la trabajen en equipo, la primera reacción de cada uno es escabullirse. En el caso de que a alguno le interese, su impulso es realizarla solo. Incluso en los casos en que las personas se ponen de acuerdo para trabajar en común, pasada la fase de negociación, cada uno se levanta en portador único de la razón, empezando una discusión sin fin que deriva en temas ajenos al motivo de la tarea.

Quiero decir con esto, que cualquier iniciativa encaminada a implicar a las personas en la estrategia es un proceso de aprendizaje continuo que requiere determinación directiva y cierto grado de madurez psicológica en los empleados. 

No consiste en acumular información dispersa sobre la organización y sus objetivos, sino en obtener una visión clara y con sentido, que estimule a las personas a actuar en la misma dirección en base a unas prácticas compartidas.

Modelo estratégico basado en la atención 

Prácticas organizativas donde entrenar la atención


1. Concentrarse significa tomar conciencia de la situación presente y fijarse objetivos congruentes con uno mismo y con la organización. 

En este cuadrante podemos, por ejemplo:.
  1. Conectar con nuestro cuerpo y entender las señales que nos envía. Practicar la meditación y la respiración consciente puede ayudarnos a descubrir qué pasa en nuestro interior, cuales son nuestros sentimientos y qué deseamos de verdad. 
  2. Utilizar matrices de decisión, nos facilitará volcar nuestro sentir y visibilizar las diferentes opciones que están latentes en el grupo. 
2. Analizar supone un acto reflexivo sobre la situación interna. La introspección organizativa tiene mucho de autocrítica, empatía y tolerancia al fracaso. Aquí se pueden utilizar cuestionarios, inventarios, balances, auditorías... y realizar exposiciones grupales donde conocer mejor la realidad organizativa desde el punto de vista de las personas implicadas.

3. Evaluar es tratar la información a vista de águila, de un modo global y amplio. El pensamiento visual y la participación con metodologías DO juegan aquí un papel determinante, porque ayudan a comprender y valorar mejor las aportaciones individuales en busca de consensos.

4. Actuar significa dar autonomía suficiente a las personas para que regulen su acción conforme se desarrolla y sean capaces de tomar decisiones responsables con la seguridad de estar haciendo lo correcto.

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