lunes, 11 de mayo de 2015

Cómo crear valor en nuestros pequeños mundos conectados

 En nuestra vida social

Lo explica muy bien este artículo en The New Yorker: el promedio de personas que alguien puede mantener activo en su grupo social es de ciento cincuenta (número de Dunbar). Cualquier cosa más allá, sería demasiado complicado de manejar en niveles óptimos de procesamiento.

La afirmación se basa en los estudios de Dunbar sobre la relación entre el tamaño de la corteza cerebral de los mamíferos y la complejidad del grupo social donde vive.
En el caso de las sociedades humanas, Dunbar descubrió que este número crece y decrece según una regla precisa, más o menos una ´regla de tres':
  • 150 sería el número aproximado de invitados en una gran fiesta formada por todos los conocidos que saludamos y nos importa saber de ellos de vez en cuando.
  • 50 serían el número de personas a las que podemos llamar amigos. Aunque las vemos a menudo, mantenemos el tipo y procuramos no perder los papeles cuando estamos con ellos. Las conocemos bastante pero no tanto como para llamarles verdaderos amigos.
  • 15 es el número de personas con las que puedes confiar cuestiones más o menos personales y te sientes cómodo con ellas. 
  • 5 es el grupo de apoyo cercano, el número de amigos íntimos que te conocen más allá de los estereotipos. 
Como cada uno de nosotros alimenta y mantiene su mundo particular de íntimos, conocidos y amigos, todos conformamos lo que se llama una red de mundos pequeños, es decir, una combinación de grupos densamente conectados (mi mundo) que a su vez se conectan débilmente entre sí (otros mundos).

Igual tu y yo no compartimos amigos íntimos pero seguro que, a pesar de lo lejos que estés,  una cadena de conocidos me podrían llevar hasta ti. No más de seis según Stanley Milgram.

Conexiones entre nuestros 'mundos pequeños'
Pues bien, debido al mecanismo que gobierna el crecimiento de las redes, las personas que entran a formar parte de ellas no se conectan al azar con otras.

Cuando una persona nueva entra en una red, ésta prefiere conectarse con aquellas que están bien conectadas.

El mecanismo es simple pero generalmente funciona en otros muchos ámbitos: es más fácil comprar un libro que aparece en la lista de best-seller que otro que, por bueno que sea, nos es desconocido.

El resultado de este patrón de crecimiento en la vida social es que las personas ricas en enlaces se enriquecerán más que sus pares. Los nodos más populares traerán con facilidad a otros y aquellos que sean poco conocidos lo seguirán siendo o aumentarán débilmente en importancia.

 ¿Y en las organizaciones?

Verás, en las organizaciones estos mundos pequeños también están presentes. Por ejemplo, un buen equipo de trabajo es un grupo de personas densamente conectadas que interactúan frecuentemente y que han desarrollado entre ellos vínculos de lealtad lazos fuertes.

Sin embargo, es posible que las conexiones que este equipo mantenga con otros equipos de la organización sean ocasionales (lazos débiles) o nulas en el peor de los casos. Esto último crea una desagradable desconexión informativa, nos enteramos de lo que sucede 'a salto de mata', además de un sentimiento de soledad y desamparo que nos hace perder el sentido de la tarea y nuestra percepción de estar contribuyendo a construir algo mayor.

Con este panorama, Ron Burt, identificó dos actividades distintas que aportan valor a estos pequeños mundos conectados: Intermediar y cerrar.
'Intermediar' y 'Cerrar' los mundos pequeños de una Organización 
  • Intermediar consiste en desarrollar actividades que sirvan para construir puentes y relaciones entre los grupos con escaso contacto (crear lazos débiles). Pueden ser actividades informales, lúdicas o deportivas pero también actividades formativas donde las dinámicas participativas tenga un papel importante. 
  • Cerrar consiste en desarrollar lazos fuertes para construir confianza y alineamiento con la organización. Construir confianza permite entender las conexiones profundas que unen a las personas y darles una identidad común y un propósito compartido.

Crear puentes (intermediar) conduce a la innovación, a descubrir con los demás soluciones e ideas novedosas. Construir confianza (cerrar), si no perdemos de vista la tarea, conduce a mejorar el rendimiento del equipo.

Lo ideal sería que cada unidad de negocio fuese tan pequeña como para que cada empleado pudiese entenderla como la totalidad del sistema. Más de 150 personas perdería las dimensiones humanas de procesamiento de la información social.

En su defecto, toda organización podría disponer de un espacio donde la gente pudiera reunirse para aclarar sus preocupaciones organizacionales y tomar decisiones que les afectasen. Estas reuniones resultarían baratas comparadas con las horas de formación desperdiciadas en programas impuestos de los que nadie se beneficia.