domingo, 13 de noviembre de 2011

Cuatro condiciones incondicionales para el cambio.


Tal y como veo las cosas, esta mal llamada crisis va a durar lo suyo, pues no parece haber salida clara ni brote verde que aderezar si continuamos haciendo las cosas como hasta ahora. Será por eso, que algunas empresas hartas de 'más de lo mismo', demandan innovaciones en RRHH con la esperanza de encontrar certidumbres que forman parte del pasado.

Se empieza por contratar algún servicio de formación que mejore la 'Atención al Cliente'. Después se cree que es la 'Comunicación' o el 'Trabajo en Equipo' quien merece atención. Más tarde se introducen las 'Habilidades Directivas', el 'coaching', el 'engaching', el 'reskiling' o cualquier otro anglicismo que aporte mayor seriedad al gasto. Al final, es la Gerencia quien se cuestiona a sí misma proponiendo un Cambio Planificado que involucre a toda la Organización, camino directo hacia sus propias resistencias.

La aproximación de un directivo a este concepto siempre resulta sorprendente: que tenemos que cambiar nadie lo duda pero 'que cambien los demás y a mi me dejen como estoy'. Es normal que en las entrevistas iniciales se desahogen comentando su interés por que las cosas mejoren, incluso algunos me dan precisas instrucciones sobre qué tengo que decir a quién, cuándo y cómo.

Para Marvin R. Weisbord hay dos condiciones indispensables para intervenir:
  • La existencia de un liderazgo comprometido, es decir, que la persona que realiza el mandato y contrata el servicio,  tenga tanto interés en resolver el problema como para poner en juego su propio fin. Más claro, agua. Las peticiones de gestionar cambios deseando únicamente la transformación personal de los demás o el suministro de recetas expertas unilaterales, están condenadas al fracaso. Hace falta que los riesgos se asuman desde arriba y sean también ellos quienes participen en igualdad de condiciones. 
  • La existencia de personas energéticas, con la suficiente fuerza para comprometerse. Porque según las circunstancias tenemos distintos grados de energía: algunas veces estamos dispuestos a dar lo máximo de nosotros y otras no mostramos el mínimo interés.  Claes Janssen lo describe como un sistema cíclico formado por cuatro estados:
  1. Una persona (o grupo) en estado de conformismo, a gusto con las cosas, no hay quien la mueva. Solo podemos obsevar y esperar que algo suceda, a no ser que esté en juego su supervivencia.
  2. Una vez incomodado, el conformista recurre a la negación como defensa de su plácido estado anterior. Mejor no darle consejos, los va a rechazar, tan solo conviene formular preguntas que aclaren su conciencia y continuar esperando.
  3. Que alguien se niegue a responder no significa que su conciencia no lo esté haciendo por él. Tarde o temprano despertará con una desagradable sensación de confusión, con cierta ansiedad que nos indica su disposición para aprender. Momento ideal para reunir a la gente, empezar a estructurar tareas y poner el foco en el futuro.
  4. El último estado es el de renovación: personas interesadas en arriesgarse, participar y comprometerse, que perciben lo mucho que tienen por ganar.
Si queremos movilizar la energía para que nuestras actuaciones sean constructivas, necesitamos trabajar con grupos en estado de confusión o renovación. De poco sirve iniciar un cambio sin tener en cuenta el derecho de las personas a permanecer el tiempo que deseen en una situación que les satisface o no les preocupa. 
Esto me lleva a incluir dos condiciones más:
  • Respeto a los ritmos: 'las flores no crecen estirándolas'. Las prisas son malas consejeras. Necesitas desarrollar la paciencia y utilizar una escala de tiempo apropiada y distinta para cada proyecto. Podemos ayudar si damos a las personas la oportunidad de reunirse, experimentar sus dilemas y hacer sus propias elecciones acerca de cuándo y cómo moverse, es decir, podemos controlar las estructuras pero no los estados de las personas.
  • Sentido del humor. Creo que nadie pone en duda la importancia del humor para conectar a las personas y desarrollar la empatía. Una pareja que dejan de reir juntos tiene los días contados y no digamos un equipo de trabajo sometido a presión. Hay personas que carecen del mínimo sentido del humor, su frialdad (yo diría psicopatía) les ayuda a permanecer en lo más alto de la organización a costa del sufrimiento de muchos. La aparición del humor es un indicador de que las cosas pueden mejorar o ya lo están haciendo. Y el humor, como todos sabemos, es una cosa muy seria.