jueves, 28 de octubre de 2010

Aprender de la oscuridad y del color.

Gracias a Rafael Argullol descubro que hubo una escuela de pintores bizantinos que antes de empezar  sus obras se recluía varios días en total oscuridad. En esa situación, los artistas iban adaptando su visión a la ausencia de luz, hasta que pasado un tiempo, empezaban a percibir entre la penumbra los contornos de los objetos que les rodeaban. En ese momento, justo en ese momento, era cuando estaban preparados para abandonar su encierro y empezar a pintar. La intención no era pintar las imágenes como las veían a plena luz, sino recrear el escenario que habían descubierto en la oscuridad.
 
Me parece que el camino recorrido cuando aprendemos por medio de métodos no convencionales se asemeja mucho a la práctica preparatoria que acabo de describir.

Cuando nos sumergimos en un aprendizaje novedoso o 'extraño',  alejado de nuestros referentes habituales, nos sentimos confusos y perdidos. Ciegos por lo que no vemos y deberíamos ver, ávidos por encontrar sentido, buscamos desesperadamente su aplicación inmediata, la solución que nos ayude a resolver los problemas de nuestro mundo 'real' y que ponga orden a tanto absurdo.

Poco a poco, si mantenemos la suficiente apertura, nos ilumina una nueva comprensión, un significado estimulante que brota de esa fase de sombras y ahora sí, podemos elegir emplear lo aprendido en nuestra realidad particular.


Estoy pensando en las representaciones gráficas que realizan los grupos con los que trabajo para explicar asuntos complejos de su entorno organizacional.

Hace ya algún tiempo que vengo utilizando esta técnica para rastrear la topografía cultural y emocional de las organizaciones y sus resultados no paran de sorprenderme.

Formo grupos y les pido hacer un dibujo acerca de un aspecto de su organización o su entorno y les ofrezco grandes hojas de papel junto con rotuladores y pinturas en abundancia. Al principio algunas personas necesitan consignas más precisas, no están acostumbradas al desorden inicial que se crea y les cuesta recuperar habilidades de una etapa infantil que algunos creen superada. Sin embargo, en poco tiempo, cada grupo se auto-organiza y lleva la tarea adelante con un entusiasmo difícil de detener.



Los dibujos, por su valor metafórico, tienen poder para emerger problemas grupales que han sido enterrados y útiles para para describir la situación actual, expresar deseos y visualizar esperanzas. Tan importante como la parte lúdica y el clima de colaboración que se consigue, es la oportunidad para iniciar conversaciones donde tratar asuntos que faciliten la gestión de conflictos o la implantación de procesos de cambio.